El Martes Santo es un día de reflexión y moralejas. En este día, los sacerdotes y los judíos escuchan por última vez las enseñanzas del Hijo de Dios en el templo. Allí, Jesucristo pone un ejemplo de cómo ser caritativos y no dar sólo lo que nos sobra o lo que no necesitamos, sino que, como la viuda pobre del Evangelio, estemos dispuestos a darlo todo para ayudar a los necesitados.
Cristo cuenta también la parábola de las diez jóvenes que esperaban al Divino Esposo: cinco de ellas eran prudentes y tenían sus lámparas limpias y con suficiente aceite para mantener encendida su llama, y las otras cinco eran insensatas y también tenían sus lámparas limpias pero olvidaron poner suficiente aceite. Ellas representan la personificación de las almas humanas en el umbral del Reino de los Cielos, y el aceite de las lámparas simboliza la limosna y todas las buenas obras. Esta historia recuerda a los cristianos que deben encender en sus almas la llama de la fe, la esperanza y el amor, pero también la caridad y la virtud, a la espera de Cristo.
El Martes Santo, la Iglesia nos recuerda también la parábola de los talentos, que invita a los fieles a esforzarse y a desarrollar los talentos que Dios les ha otorgado para ser útiles a los demás con sus capacidades.
Autor: Alexandra Karamihaleva
Versión en español: Alena Markova
Fotos: Archivo