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jueves 1 enero 2026 12:10
jueves, 1 enero 2026, 12:10
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El 1 de enero de 2026 Bulgaria despertó con divisa nueva y con la antigua inestabilidad política que todos conocemos bien. Después de los preparativos que duraron largos años el país ya es miembro de la eurozona y la leva cede su lugar al euro: el tema más debatido en todo el año 2025. Sin embargo, este acontecimiento histórico sucede sin un Presupuesto Público aprobado. La causa es la dimisión del Gobierno como consecuencia de las protestas más masivas desde el inicio de la transición a la democracia. Como sabemos del Presupuesto dependen los ingresos, los pagos sociales y la sensación de previsibilidad.
Para los búlgaros el euro significa nuevos billetes y monedas, y una nueva porción de preocupaciones relacionadas con el aumento de los precios, ya que el redondeo perjudicará a los consumidores y las personas serán más pobres. Los economistas afirman que la inflación no puede ser explicada solamente con la adopción de la nueva divisa, pero la sensación predominante entre la población es otra y dominará al menos en los primeros meses del año.
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Así, a comienzos de 2026 todos los ingresos: salarios, pensiones, ayudas sociales ya se pagarán en euros y serán automáticamente calculados según el tipo de cambio fijo. Las cuentas bancarais pasarán en euros sin tasas adicionales. La leva no desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos. En los primeros meses del año los precios en las tiendas y los servicios serán indicados en las dos divisas, en levas y en euros, y solo hasta finales de enero podemos pagar paralelamente en las dos monedas. El cambio de levas en el Banco Nacional del Bulgaria será gratuito y sin un plazo final.
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Sobre este telón de fondo no tenemos buenas noticias sobre los ingresos: al menos a comienzos de 2026. Las pensiones no serán elevadas a partir del 1 de enero, ya que la ley prevé que se actualicen en una etapa posterior, a mediados del año. Lo mismo es válido para la mayoría de los pagos sociales. Hay una excepción: desde el 1 de enero, por una resolución del Consejo de Ministros, el salario mínimo aumenta en el 12.63% alcanzando las 1213 levas, o sea unos 620 euros. Para los funcionarios del sector presupuestario está prevista una indexación no reiterada de los salarios calculada en conformidad con la inflación anual acumulada hacia el 31 de diciembre de 2025.
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La causa para la situación actual es clara: Bulgaria entró en 2026 sin un Presupuesto Público nuevo para 2026. En vez de él estará vigente el antiguo, o sea la llamada Ley prolongada para el presupuesto, que será repartido mes por mes, sin gastos adicionales y sin aumento de los ingresos. Por esto muchas de las enmiendas debatidas como el duradero aumento de los salarios en el sector presupuestario o las más cuantiosas ayudas infantiles, de momento quedan solo en papel.
Esta pausa financiera coincide con turbulencias políticas esperadas. Bulgaria se encamina una vez a nuevas elecciones parlamentarias anticipadas, tal vez en marzo. Mientras tanto el gobierno estará en las manos de un gabinete interino. El Parlamento tendrá un papel reducido o más bien estará en régimen de espera. Esto significa que se pospondrán resoluciones, habrá ingresos congelados, tensión social, falta de previsibilidad y de confianza.
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Mientras el Estado está estancado, en plan internacional se perfila un importante paso después de la adhesión a la eurozona. Sin mucho ruido Bulgaria negocia activamente su activa adhesión a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, famosa como el Club de los Estados ricos. Existe la enorme posibilidad de que Bulgaria se adhiera a la organización en los primeros meses de 2026. No se trata solamente de una presencia prestigiosa, sino de un compromiso muy serio con estándares más altos en el gobierno, la educación, la política fiscal y el entorno para las inversiones. Esto no se sentirá de inmediato en los bolsillos, pero es una pequeña luz en el túnel, un indicio de una dirección a largo plazo en la economía búlgara, algo que sucede raras veces y que muchas personas en Bulgaria no pueden recapacitar en estos momentos.
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2026 comienza así: con una nueva moneda, con tensión política y social, y con esperanzas. Para nosotros, los búlgaros, será un año de adaptación, no solo económica, sino psicológica. Tendremos que acostumbrarnos a las nuevas cifras, los nuevos precios y la nueva intensa campaña preelectoral, mientras el país está vacilando en la búsqueda de sus resoluciones en un mundo marcado por conflictos, imprevisibilidad y crisis globales.
Redactora Veneta Nikolova
Traducido por Hristina Táseva
Publicado por Hristina Táseva