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“Zaigralo babino oró”: tradiciones por el día de Babinden

jueves, 8 enero 2026, 07:30

“Zaigralo babino oró”: tradiciones por el día de Babinden

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Babinden es una de las tradiciones populares búlgaras más pintorescas y viene acompañada de unos importantes rituales y mucha alegría. Según el nuevo calendario festivo, esta festividad se celebra el 8 de enero. Así se cierra el ciclo Yordánovden-Ivánovden-Bábinden (Día de San Jordán, Día de San Iván, Día de la Abuela), todas ellas fiestas relacionadas con el agua y el baño ritual.

Según el antiguo calendario, Yordanovden se celebraba el día 19 y Babinden el día 21 de enero. Babinden se consideraba una “fiesta femenina” y era el único día en el que las mujeres podían gastar bromas “pesadas” a los hombres. Si en la vida cotidiana era impensable que una mujer dijera una palabra en contra de la voluntad del hombre, en Babinden quedaban impunes todo tipo de bromas e incluso algunos gestos menos “apropiados”. Pero esto sólamente ocurría al final de la celebración, cuando se realizaban los rituales especiales por la salud de los recién nacidos y de las mujeres en edad fértil.


El destacado etnógrafo búlgaro Dimitar Marinov ofrece más detalles sobre el significado del dia de Babinden: “Este día el pueblo festeja en honor a la enfermedad infantil llamada babitsi o sardeshnitsa”. Según las creencias populares, las babitsi eran espíritus malignos: unas hermanas que causaban la enfermedad babitsi. Ellas atacaban sobre todo a los niños y, muy raras veces, a los adultos. Y los rituales de Babinden tenían la finalidad de proteger a los niños de esta enfermedad.

El baño de los niños, una gran comida y el vlechúgane (bañar a la abuela): así transcurre, en términos generales, esta particular fiesta. El primer rito lo realiza la propia abuela: la mujer que acompaña en el parto. Desde el día anterior, ella tiene preparadas mantequilla, miel, una ramita de geranio, mijo, lana roja y, a veces, también lana blanca. Por la mañana, muy temprano, la abuela visita todas las casas en las que ha estado asistiendo en partos. Bañaba a los bebés, les lavaba los ojos a los niños más mayores, y rociaba a las jóvenes y a las novias con la ramita para protegerlas del mal de ojo y para que tuvieran un parto fácil. Además, untaba a los niños con mantequilla y miel, pronunciando bendiciones para que tuvieran buena salud y longevidad. Y untaba también a las mujeres de la casa “para que fueran dulces con sus maridos”.

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Inmediatamente después, las mujeres con hijos de menos de tres años iban a la casa de la abuela. Esta parte de la costumbre es la que se ha conservado durante más tiempo y, en algunos sitios se sigue practicando incluso hoy en día. Cada mujer lleva jabón, una toalla, un ramillete y dinero. Según el ritual, ellas rocían las manos de la abuela para que se las lave, haciendo esto normalmente bajo un árbol frutal.

Después es organizado un gran banquete en casa de la abuela, al que solamente están invitadas las mujeres. Los únicos representantes del género masculino son el gaitero y el violinista, cuya misión es entretener a las mujeres. Durante el banquete se cantan canciones alegres, a menudo con un contenido un tanto descarado. La abuela pasa un incienso humeante bajo las faldas de las mujeres para que den a luz a más hijos y que nazcan sanos. Y, durante todo el tiempo, lleva alrededor del cuello un collar de guindillas picantes, símbolo del principio fertilizador masculino.

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Más tarde comienza la diversión entre todos, ya que los hombres se unen a la fiesta. Las mujeres comienzan a gastarles bromas, les quitan los sombreros, les desatan los cinturones o les bajan los pantalones. Para salvarse, los hombres le dan dinero a la abuela.

La fiesta termina con el baño ritual de la abuela. Uno de los hombres dice: “Ella ha bañado a todos nuestros hijos, ahora ¡bañémosla a ella a también!”. Los demás responden: “¡Hay que hacerlo!”. Ahora son las mujeres las que intentan “rescatar” a la abuela de los hombres. La fiesta ya se ha trasladado al patio, suena música y se bailan los tradicionales bailes horó. La abuela se coloca flores en el pelo y sale. En cuanto aparece, los músicos empiezan a tocar la melodía de la rachenítsa, dos hombres y dos mujeres bailan, y los demás levantan a la abuela en brazos y la llevan hasta un carro decorado con coloridas telas.


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Todo el pueblo la acompaña hasta el río o la fuente más cercana, donde se realiza el baño. A veces simplemente la llevan al campo y la rocían con agua. Después la llevan de nuevo a su casa, llevándola en brazos. Los músicos tocan durante todo este tiempo, hombres y mujeres bailan juntos, y se divierten. Ya se ha completado el ritual y con el baño de la abuela se da por terminada la fiesta de Babinden.


Autor: Albena Bezovska

Traducción: Alena Markova