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lunes 12 enero 2026 21:20
lunes, 12 enero 2026, 21:20
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El camino de Denitsa Ürge hacia Hungría no comenzó con un plan a largo plazo ni trazando una estrategia, sino con un amor y una decisión espontánea. Esta búlgara -que hoy vive con su familia en Hungría- conoció a su futuro marido húngaro mientras trabajaba de teleoperadora en Sofía. “Él vivió en Bulgaria cuatro años en total. Nos conocimos en un centro de atención telefónica en Sofía y allí comenzó nuestra historia”, cuenta Denitsa.
Su primer hijo nació en Sofía pero cuando su marido recibió una oferta para trabajar en Budapest la joven pareja tomó una decisión que cambiaría sus vidas.
La sede del Parlamento en Budapest
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“No lo pensé demasiado. Simplemente dije: “¡Vámonos!”. Éramos muy jóvenes y estábamos muy enamorados. Nuestro hijo tenía un año y no analizamos los riesgos, simplemente hicimos las maletas y nos fuimos”, recuerda Denitsa. Pero el hecho de abandonar el país no fue una renuncia: “En ningún caso lo considero una huida de Bulgaria. En mi opinión, fue la continuación natural de nuestra historia”.
Los primeros meses en Hungría presentaron un reto inesperado. Aunque estaba preparada para las “grandes diferencias”, el día a día enfrentó a Denitsa a unas carencias que no había previsto.
Pan dulce vacío, "komniche"
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“Me costó mucho acostumbrarme a que no hubiera queso blanco (queso búlgaro) en las tiendas, o acostumbrarme al sabor del yogur de allí. De repente, todas esas cosas que conocía habían desaparecido”, comparte ella. A esto se sumaron la barrera del idioma, la soledad y el cuidado de un niño pequeño. “A menudo me preguntaba si había tomado la decisión correcta”, confiesa la búlgara. Hoy, Denitsa ve ese periodo como una época de crecimiento interior: “Todo aquello sucedió para que yo pudiera forjarme a mí misma como persona”.
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Un tema especialmente importante en la conversación son los niños y su integración en la realidad húngara. Aunque hoy en día se sienten seguros en un entorno multilingüe, el comienzo no fue fácil. “Cuando empezaron a ir a la guardería, les costóun año adaptarse. Se negaban a hablar húngaro, no querían comer allí”, cuenta Denitsa. Pero poco a poco los niños se acostumbraron y hoy pasan con naturalidad de un idioma a otro, y de una cultura a otra, algo que su madre ve como una riqueza.
“Hasta hoy en día no hablo con mis hijos en húngaro, solo en búlgaro”, subraya Denitsa. En su casa se preparan comidas búlgaras, se elaboran mártenitsas y máscaras de kuker. “Para mí es importante que sepan de dónde vienen”, agrega ella.
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En las redes sociales YouTube y Facebook Denitsa comparte recetas, historias personales e impresiones de la vida en Hungría. “Quería mostrar que si uno está feliz en Bulgaria no significa que ha perdido su identidad”, dice ella. Además, según sus palabras, Hungría es un país del cual en Bulgaria se sabe poco.
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En este contexto Denitsa habla con gran orgullo de los jardineros búlgaros que dejaron una profunda huella en la historia húngara.
A la derecha: miembros de la Sociedad de los búlaros en Hungría
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“Es un tema por el cual me siento muy orgullosa. Personas que llegaron aquí en los siglos XVII, XVIII y XIX, enseñaron a los húngaros cómo ser agricultores. Ellos construyeron una escuela búlgara y una iglesia. Cuando alguien menciona los jardineros búlgaros, siempre es muy agradable para mí”, dice ella. Hoy la jardinería búlgara es parte del patrimonio inmaterial de Hungría, un reconocimiento que fortalece el sentimiento de pertenencia.
Denitsa encuentra su comunidad tanto entre los búlgaros en Hungría como en línea. Sus hijos acuden a la escuela búlgara y bailan danzas folclóricas.
“Lo que hacen Uds. es un tesoro, dice ella para la sección Los búlgaros por el mundo de Radio Bulgaria. Detrás de cada número en la estadística hay un hombre con sus sueño, miedos y esperanzas”.
Placa en la iglesia búlgara en Budapest santos hermanos Cirilo y Metodio
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¿Cuál es el consejo que daría a las personas que se proponen abandonar el país? “Sean valientes. Tomen en su maleta la lengua, las tradiciones, los recuerdos y su sentido del humor”.
La historia de Denitsa muestra que la vida en el extranjero no es una renuncia de Bulgaria, sino una posibilidad de llevarla en el corazón, compartirla y conservarla viva, incluso cuando uno está lejos de sus fronteras.
Redactor Liubomir Kolarov
Traducido por Alena Markova y Hristina Táseva
Publicado por Hristina Táseva