Autor
Yoan Kolev
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domingo 18 enero 2026 09:05
domingo, 18 enero 2026, 09:05
FOTO kinoclub.bg
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Provocativos, inusuales, poco conocidos y raras veces proyectados, los cortometrajes búlgaros merecen llegar a un público más amplio, y ser motivo de reflexión y de debate mediante los temas en los que se centran. Este es también el gran objetivo de la plataforma online “Cinematógrafo”, que ofrece acceso gratuito las 24 horas del día a 2.582 títulos, y que lleva ya 13 años organizando cines de verano en Sofía y en toda Bulgaria, contribuyendo así a la descentralización de la vida cultural en el país. Entre sus fundadores están los directores Yordan Mihaylovski y Devina Vasileva (hija del popular actor Vasil Vasilev-Zoueka) y la actriz Mina Markova (hija de la actriz Albena Pavlova y del actor, director y guionista Emil Markov).
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Su labor se enfoca, entre otras cosas, en la comunicación con los jóvenes. De ahí que acabaran creando el proyecto “Club de cine” (Kinoklub), con el que pretenden despertar el interés de los alumnos de las escuelas búlgaras por el cine. Lo hacen dándoles la oportunidad de ver y a continuación –un paso extremadamente importante– de debatir diferentes cuestiones que se contienen en las bases del cine de cortometraje contemporáneo, clásico y experimental. Y todo ello en horario de clase, en el propio colegio, reservando hora con antelación:
FOTO Archivo personal
“Después de las proyecciones hablamos sobre las películas pero no tanto sobre su temática, sino sobre cómo han inspirado a los alumnos. Comentamos qué opinan, cuál sería su crítica, cómo les ha hecho sentir esa película”, explica el director Yordan Mihaylovski ante Radio Bulgaria. “Esto lo conseguimos únicamente a través de preguntas. Yo no comparto mis opiniones personales ni mi visión del mundo, sino que analizo las suyas. Creo que esto fomenta el desarrollo de su pensamiento crítico y les da la oportunidad de argumentar, de escucharse y le enseña a no interrumpirse: unas habilidades sociales que se deben enseñar en todas las escuelas”.
Las películas van dirigidas a los alumnos de 10º y 11º curso, y suelen mostrar historias de personajes marginales que a través de sus acciones tratan de cambiar el mundo y, como resultado, lo pueden conseguir o no:
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“Después, debatimos juntos hasta qué punto es coherente este anhelo, y de qué manera debemos esforzarnos para cambiar el mundo. Hasta qué punto esto ha de hacerse de forma violenta, si es necesaria una revolución o si todo debe transcurrir de forma pacífica, y qué posibilidades tenemos nosotros, como ciudadanos, de cambiar nuestra comunidad para que el mundo sea mejor”.
Tras visitar 41 escuelas, organizar 61 “cineclubes” y proyectar 79 películas ante 1.266 participantes en tres años, Yordan Mihaylovski ya tiene sus propias observaciones sobre lo que emociona y lo que provoca a la generación actual alumnos:
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“He observado que son bastante extremistas, piensan en términos radicales. O bien dicen que hay que entablar un diálogo para lograr la paz y el amor en nuestra comunidad, o bien dicen que hay que matar al insolente, lo cual, obviamente, es una solución bastante extrema. Es decir, tienen su opinión, su pasión y su visión crítica sobre nuestra sociedad, sobre cómo está organizada, cómo protegemos la naturaleza, cómo conducimos, qué corrupción hay… Pero aún les cuesta darse cuenta del punto de vista contrario, de que deben ser capaces de escuchar y comprender, y lograr la síntesis entre dos o más ideas. A esta edad, todavía son un poco cerrados como personas y les cuesta aceptar opiniones ajenas. Por supuesto, hay quienes se esfuerzan por lograrlo y otros que no tanto.”
Mihaylovski está convencido de que este es el camino para reducir la agresividad -un gran problema entre los adolescentes- y para mejorar su capacidad de reconocer los riesgos del uso de las redes sociales e Internet.
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La siguiente tarea de la iniciativa del “Club de cine” será buscar oportunidades para una interacción más activa con médicos y psicólogos que ayuden a los alumnos a adquirir diferentes habilidades sociales, y a mostrar y desarrollar la empatía entre sí.
Nuestro interlocutor puso como ejemplo Estonia, donde los alumnos comienzan a desarrollar y adquirir el sentido de la empatía desde cuarto curso a través de diferentes juegos e interacciones entre ellos. En estos momentos se está negociando sobre este tema con una clínica dedicada a la prevención y el tratamiento de la drogadicción y otras formas de adicción entre los jóvenes: “A esta edad los niños son curiosos y se sienten libres de expresar sus opiniones y sus emociones en los debates”, lo que permite, según los creadores del “Club de cine”, abordar a través del arte temas serios como las adicciones, la seguridad vial o la responsabilidad civil.
Autor: Yoan Kolev
Traducción: Alena Markova
Publicado por Alena Markova