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Los japoneses conocen cada vez más Bulgaria y les encanta visitarla

En Bulgaria, lo más importante es salirse de los esquemas, dice Tsvetan Dimov, formado en dos culturas

martes, 10 febrero 2026, 21:25

Los japoneses conocen cada vez más Bulgaria y les encanta visitarla

FOTO Facebook /Tsvetan Dimov

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Sé positivo, pase lo que pase: estas palabras son la raíz del optimismo de nuestro compatriota Tsvetan Dimov, cuya vida, hasta ahora, es digna de una novela o una adaptación cinematográfica. Nacido en Sofía, vivió en Bulgaria hasta los 12 años, cuando partió a Japón con sus padres quienes son médicos. Además del choque cultural que experimenta al ingresar en una escuela exclusivamente japonesa, Tsvetan también tiene que acostumbrarse al cambio en la forma en que lo tratan. Lo llaman Tsubetan, porque la letra “V” falta en el idioma y los japoneses no pueden pronunciarla.

FOTO Pixabay

Para aprender japonés, es necesario comprender la cultura y la forma de pensar de la gente. Una de las primeras cosas que un búlgaro percibe son las dos caras de los japoneses, que ellos llaman por nombres diferentes: tate mae y hom ne. Tate mae es la forma en que debes comportarte en público para no ofender a nadie, y hom ne es lo que realmente piensas de la persona en cuestión.

Gracias a Tsvetan Dimov, entendemos que en la multimillonaria capital japonesa existe interés por la lengua y la cultura de este pequeño país balcánico. Cada vez más japoneses aprenden el búlgaro, que sin duda no es el idioma más fácil para los extranjeros. En el país asiático, incluso se organizan concursos de maestría en oratoria en búlgaro. 

FOTO Embajada de la República de Bulgaria en Japón

"Desde el año pasado, la Embajada de Bulgaria en Tokio ha empezado a organizar concursos de maestría en oratoria en búlgaro para japoneses. Hay dos universidades, una en la isla norteña de Hokkaido y otra en Tokio, donde se enseña el búlgaro, y los japoneses ya han empezado a estudiar nuestra cultura, idioma y forma de pensar con más profundidad. Les gusta hacer excursiones a Bulgaria, y algunos ya viven en nuestro país. Sus lugares favoritos en Bulgaria son las Rocas de Belogradchik, el Monasterio de Rila, la Iglesia de Boyana, Varna, Burgas, Smolyan y los montes Ródopes. Pero el concurso de maestría en oratoria en búlgaro es algo único".

FOTO Facebook /Tsvetan Dimov

Ya que Bulgaria está situada en el mismo paralelo que la isla septentrional de Hokkaido, los japoneses saben que también pueden esquiar en Bulgaria, y muchos instructores de esquí en su país son búlgaros.

Durante cierto tiempo en Tokio, Tsvetan trabajó como vendedor de productos de rosas búlgaras: aceite, agua, aguardiente y vinos. Admite que los japoneses están impresionados por nuestros productos naturales y que desde hace mucho tiempo saben más sobre Bulgaria, más allá del yogur, el vino y la leyenda del sumo Kaloyan Mahlyanov Kotooshu.

Tsvetan, a su vez, se convirtió en un maestro de la caligrafía e incluso puede enseñar. Dice que ser profesor es una vocación.   

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"Mi primer encuentro con el papel de arroz fue en la escuela. Me dijeron que mantuviera la mano en un ángulo de 90 grados, que no me preocupara por cometer errores y que me concentrara. El pincel no funciona como un bolígrafo, y se dibuja con un trazo. Además, siempre se escribe en la parte lisa del papel de arroz, porque en la parte rugosa todo se mancha, así que siempre, antes de escribir, se toca la parte del papel que se tiene delante, nos aconseja Tsvetan y añade: “Es importante dibujar con el corazón, y también me gustaban las bellas artes mientras estudiaba en Bulgaria. El propio idioma japonés se asemeja a las bellas artes con tantos jeroglíficos. Para leer el periódico es necesario conocer los dos alfabetos, con 50 letras cada uno, y unos 2.500 jeroglíficos, pero también tener un buen pensamiento asociativo y ser capaz de adivinar lo que la persona que tienes delante quiere decirte.


FOTO Yoan Kolev

En 2020, Tsvetan regresó a su país natal y decidió ayudar a los niños búlgaros que viven en Japón a mantener su lazo con Bulgaria. Luego, debido a la pandemia, todo estaba cerrado y no había escuela dominical en la que pudieran mantener viva su conexión con la lengua y la cultura búlgaras, por lo que Tsvetan contactó al creador de la plataforma “Estoy aprendiendo”, Darin Madzharov, con una solicitud de brindar acceso a ella para estos estudiantes en Japón.El aceptó la idea y así apareció la escuela en línea "Sladkopoyna Chuchuliga”, que existió hasta la aparición de la escuela dominical “Vasil Levski” en la Embajada de Bulgaria en Tokio.

Hoy, Tsvetan vive en Sofía, trabaja en ambos idiomas: búlgaro y japonés, y no oculta el hecho de que logró encontrar la realización con relativa facilidad, incluso con la ayuda de la iniciativa “Bulgaria te quiere a ti ”, que en los últimos años ha contribuido a la conexión entre los empleadores del país y los jóvenes búlgaros en el extranjero.

FOTO Bulgaria Wants You

Sin embargo, a su regreso hace seis años, experimentó lo que se conoce como un choque cultural inverso. ¿Qué le sorprendió de Bulgaria?

"A veces parezco más fresco y radiante que otros que conozco y a la gente le parezco extraño. Además, en Japón no hay perros ni gatos callejeros; los ayuntamientos se encargan de ellos. También necesité tiempo para acostumbrarme al tráfico, ya que allí los coches tienen el volante a la derecha y circulan por el carril izquierdo, y aquí circulamos por la izquierda y por el carril derecho. Pero me di cuenta de que en Bulgaria lo más importante es pensar con originalidad, tener más imaginación y no preocuparse. Aun así, creo que conducir en Sofía es más difícil que en Tokio".

Autor: Yoan Kolev

Traducido por Zoraida de Radev