Autor
Miglena Ivanova
Artículo
lunes 23 febrero 2026 18:00
lunes, 23 febrero 2026, 18:00
FOTO Miglena Ivanova
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El Día del Perdón, Sirni Zagovezni, que se celebra antes de la Cuaresma, es esperado con especial impaciencia por los habitantes de los pueblos de Kalugerovo y Lesichovo, en la provincia de Pazardzhik (a unos 90 kilómetros de Sofía, en el sur de Bulgaria). Este día coincide con una fiesta de mascarada especialmente colorida. En Kalugerovo se llama Dzhumalovden, y en Lesichovo, Dervishovden, pero su objetivo es el mismo: ahuyentar las fuerzas malignas, las enfermedades y los malos pensamientos, y atraer la prosperidad y la salud durante todo el año. Esta fiesta es un ejemplo vivo del sincretismo del folclore búlgaro, donde el calendario cristiano se entrelaza con las prácticas agrícolas y mágicas arcaicas.
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Al principio, las mujeres reproducen las costumbres de Sirni Zagovezni y bailan una tradicional ronda típica horó. Después, según la tradición, los hombres kuker (pero ahora también las mujeres) -llamados dhzumal en Kalugerovo y derviches en Lesichovo-, salen a la plaza del pueblo haciendo ruido ante la mirada de la multitud, vestidos con trajes tradicionales o con mantos pesados de pieles de cabra de pelo largo, y adornados con innumerables cascabeles. Los más felices al transformarse en kuker son los participantes más pequeños: los niños.
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A cada paso que dan, los kuker saltan y golpean sus cencerros, produciendo un ruido potente que, según las creencias, ahuyenta y expulsa el mal y las enfermedades. En sus manos, los dzhumal y los derviches llevan sables de madera, llamados “kalachka”, con los que golpean de broma a la gente de la multitud: a los hombres para darles salud y a las mujeres para darles fertilidad.
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Cada año, antes de la fiesta, las pieles se lavan ritualmente en el río para eliminar todo lo negativo que les haya quedado del año anterior y empezar “en limpio”.
Los investigadores aún discuten sobre si las raíces de esta fiesta folclórica se remontan a los misterios tracios o son más recientes. Sin embargo, una cosa está clara: el ruido y la alegría reúnen a la comunidad para celebrar la transición del invierno al nuevo comienzo, con la esperanza de gozar de salud y prosperidad.
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Autora Miglena Ivanova
Traducido por Zoraida de Radev
Publicado por Zoraida de Radev