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Una exposición que cabe en un 1 cm³ viajará a la Luna

El "Libro de la Luna”, con la participación de 48 artistas internacionales, se presentará exclusivamente en la Basílica Episcopal de Plovdiv.

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Veintiocho obras de arte, reunidas en un centímetro cúbico, y 48 artistas de todo el mundo que se dedican a explorar la relación de la humanidad con el cosmos a través del arte espacial contemporáneo. Todo ello, en un libro que contiene una pregunta que lo cambia todo: “¿Cómo ve la Luna a la Tierra?”

La basílica episcopal paleocristiana de Plovdiv ofrecerá una posible respuesta a esta pregunta este 23 de febrero, presentando Moon Bound, el “Libro de la Luna”. Sus 80 páginas recogen textos e imágenes impresos con una precisión de 5.760 píxeles por pulgada. El arte espacial no se limita a mostrar imágenes de astronautas o ilustraciones de ciencia ficción, sino que muestra al espacio como un socio en igualdad de condiciones en el proceso creativo.


FOTO Facebook/Association “Plovdiv Project Center”

“Esta miniatura contiene, en realidad, preguntas que determinarán nuestro futuro en el espacio cósmico y, más allá, en la ciencia del cosmos. Como qué paradigmas morales viajan fuera de nuestro planeta y si las piezas culturales que se encuentran fuera de los límites de la Tierra pueden ser un requisito previo para nuestra visión del futuro como civilización”, comenta Ivelina Kadiri, directora de proyectos y vicepresidenta de la Asociación “Centro de Proyectos - Plovdiv”, y una de las organizadoras del proyecto.

A través de sus obras en la exposición, los autores tratan de llamar la atención sobre la preservación y la conservación de la integridad de nuestro planeta. Los artistas neerlandeses Jeroen van der Most y Peter van der Putten representan una conversación simulada con inteligencia artificial entre la Tierra y la Luna, en la que el pico lunar más alto le habla a su homólogo terrestre.

Desde la perspectiva de la cima de la montaña de la Luna, todas las personas son un único ser vivo.

FOTO Evan Lorenzen

Al llevar la mirada hacia nosotros mismos, comprendemos que no podemos responder a la pregunta sobre nuestras responsabilidades hacia el Cosmos y el medio ambiente que nos rodea sin tener en cuenta algunas de las perspectivas no humanas”, opina Ivelina Kadiri. “Es decir, las montañas, la materia, el Cosmos que vivirá después de nuestra muerte, así como todos los nombres y ambiciones que creemos que dejaremos detrás de nosotros. Me gustaría compartir también el llamado efecto panorámico que experimentan los astronautas en órbita. Al sufrir un profundo cambio de conciencia, regresan transformados, porque ven la Tierra como un planeta desprotegido y frágil, sin fronteras visibles, donde los conflictos parecen carecer de sentido y donde la humanidad está unida por un destino común. Creo que la Luna ve precisamente eso: cómo la Tierra es un organismo interconectado, palpitante y vivo, que ha de estar en sintonía con lo que se contiene en él”.

El deseo de mirar en nuestro interior en lugar de estar mirando a la Luna desde la Tierra, y de imaginar cómo nos ve nuestro satélite natural, es la base del planteamiento del “Libro de la Luna” de la Fundación Moon Gallery de los Países Bajos, creadora del proyecto. De esta manera artistas, escritores y filósofos plantean la pregunta fundamental sobre el futuro de la humanidad fuera del planeta:

FOTO Facebook/Association “Plovdiv Project Center”

“O bien, ¿qué paradigmas morales tienen derecho a viajar al espacio, cuando cada gramo cuenta desde el punto de vista tecnológico?”, añade Ivelina Kadiri. “Esto es, a fin de cuentas, un manifiesto de la cultura humana y de lo que elegimos llevar más allá de la Tierra para evitar los errores de la historia en lo que respecta al colonialismo y sentar las bases de una futura civilización interplanetaria sobre unos principios de diversidad, sostenibilidad y, sobre todo, autorreflexión crítica”.

La exposición también cuenta con la participación del artista búlgaro Plamen Yordanov, que vive y trabaja en Estados Unidos desde 1998. En Moon Bound él presenta una impresión de la escultura “Infinidad” de su serie Double Mobius.

La basílica episcopal de la antigua ciudad romana de Filipópolis, construida en el siglo IV, no ha sido elegida al azar como sede del evento: es precisamente desde allí desde donde se tenderá un puente entre la antigüedad y el legado que está dejando la humanidad.

Basílica episcopal de Filipópolis

FOTO ancientbulgaria.bg

“Este es el lugar más lógico donde presentar una visión del futuro, para que el espectador comprenda su profundidad y comience a preguntarse qué dejamos tras nosotros”, comparte Ivelina Kadiri. “Porque, lamentablemente, todo acaba adquiriendo un significado pasajero: las emociones, las experiencias y nuestro sistema de valores son transitorios y, en esta etapa de nuestra existencia, somos una especie de huérfanos errantes, separados de la espiritualidad, del origen, de la antigüedad, del legado de nuestros antepasados”.

La antigua basílica será el único lugar dentro de la órbita terrestre donde será presentada la exposición antes de recorrer 384.400 km hasta la Luna con la misión lunar Griffin-1, organizada especialmente para ello. El libro en miniatura viajará a bordo del rover de la empresa Astrobiotic y aterrizará en verano en el Polo Sur, donde fueron descubiertas moléculas de agua. En esta peculiar cápsula del tiempo -que algún día alguien encontrará- participan los pioneros del arte espacial.


FOTO Facebook/Association “Plovdiv Project Center”

Arthur Woods explora cómo se transforma la escultura cuando se libera de la gravedad, la cual dicta la forma de cada obra en la Tierra”, explica Ivelina Kadiri. “Eduardo Katz provoca una reflexión sobre la mirada interior y la introspección en el contexto del entorno espacial. El comisario de la exposición, Luis Guzmán, de origen chileno, explora cómo las tecnologías espaciales crean nuevas formas de vida. Un grupo de artistas del Congo revela cómo los minerales extraídos en África para las tecnologías espaciales contemporáneas regresan en forma de residuos electrónicos, adheridos al traje de un astronauta soñador, volviendo a centrar la atención en la sostenibilidad de la investigación tecnológica y espacial”.

Todos ellos nos invitan a reflexionar sobre qué es lo que nos pertenece y qué valores y formas culturales nos gustaría transmitir a las próximas generaciones espaciales.

FOTO Facebook/Association “Plovdiv Project Center”

Autor: Diana Tsankova

Traducción: Alena Markova