NOTICIAS

Noticias

Las casas de cultura guardan la cultura y la identidad nacional

domingo, 1 marzo 2026, 11:25

Las casas de cultura guardan la cultura y la identidad nacional

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski- 1889, Zlatitsa

Tamaño de la letra

Los aficionados son aquellas personas que insuflan vida e impulsan el desarrollo de una de las instituciones más antiguas y únicas en su género: las casas de cultura que fueron creadas antes de que Bulgaria recuperase su Libertad e independencia después de los cinco siglos de yugo otomano.  En 2026 celebramos el 170 aniversario de la fundación de la primera casa de cultura en Bulgaria.

El primer centro cultural de esta índole fue fundado en Svishtov en enero de 1856 y lleva el nombre de Elenka y Kiril D. Avramov. En el mismo año aparecieron dos casas de cultura más en Shumen y en Lom.

FOTO YouTube

 
Hoy las casas de cultura en el país han alcanzado el impresionante número de 3 500. En las aldeas y ciudades son los lugares en los cuales se concentra la vida pública. Muchas de las llamadas “casas de cultura populares” conservan en su nombre el año de su fundación.

 Incluso en los tiempos dinámicos y modernos en que vivimos estos centros no han cambiado su imagen inicial: aparte la de sala de lectura, estas instituciones organizan talleres de música, bailes, lenguas extranjeras, teatro, lecturas literarias. Se organizan debates y fiestas para celebrar importantes fechas, se hacen reconstrucciones de costumbres y tradiciones populares.

Los más fieles a la tradición búlgara que se conserva detrás de las paredes de la casa de cultura son, sin duda, los grupos de aficionados. Ellos son los guardianes del folclore, los portadores del espíritu búlgaro y el talento autóctono, que no ahorran tiempo y energía para conservar y transmitir las artes tradicionales.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

 
Los aficionados de los conjuntos folclóricos son artistas que tienen el rango de intérpretes e investigadores. Ellos buscan por su cuenta canciones folclóricas, cuentos, proverbios, votos festivos y no solo los describen en libros, sino que los reviven en el podio. Por esto el público de los aficionados no es un grupo de personas que pasan por casualidad, sino que reúne a científicos, folcloristas y verdaderos aficionados de las canciones folclóricas y las artes populares.  

Por esta razón la UNESCO dio su consentimiento para que la casa de cultura búlgara sea inscrita en el registro de la organización para preservar las buenas prácticas y el patrimonio cultural inmaterial. En 2017, cuando fue hecha la nominación, fue señalado que las casas de cultura no tienen análogo en el mundo. De esta manera las casas de cultura búlgaras ocuparon un lugar natural en la lista de las buenas prácticas de la UNESCO, junto con otros tesoros búlgaros de la cultura nacional inmaterial como el Coro de las abuelas de Bistritsa, los nestinar, la elaboración de alfombras, la mártenitza, etc.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

La casa de cultura es una estructura muy compleja, entrelazada orgánicamente en el tejido cultural de la sociedad búlgara y goza de gran autoridad en medio de la sociedad, dice para Radio Bulgaria la Dra. Silvena Bayrakova, directora del Instituto Nacional de Casas de Cultura, adjunto a la Unión de Casas de Cultura Populares. Hot en día estas instituciones afrontan muchas dificultades:

FOTO BTA

“De un estudio del Instituto Nacional de Casas de Cultura queda claro que las casas de cultura se menosprecian, no son valoradas, no hay un entendimiento de la complejidad de su actividad. En Bulgaria esto es una institución que opera en distintas esferas y tiene una función educativa, informativa, social y cultural.

El papel de las casas de cultura va cambiando con el tiempo en función de las necesidades de las distintas comunidades en el país. El rasgo más específico de las casas de cultura es que aparecen por iniciativa de las propias comunidades y son fruto de la necesidad real de los búlgaros de estudiar y desarrollarse en el plano espiritual.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

Las casas de cultura no se pueden existir sin la actividad de los grupos de aficionados. Esta actividad en sí es un fenómeno fascinante, no solo por la labor gratuita que cumplen los aficionados, sino por el gobierno democrático que tienen sus estructuras. “Se trata de una pequeña comunidad donde reina el espíritu democrático y esto la convierte en lugar atractivo para todas personas que desean participar”, agrega Silvena Bayrakova. Ella define a los aficionados como personas que poseen excelentes cualidades y un gran talento como cantantes, bailadores o músicos, pero en el grupo de los aficionados todos son iguales y no hay jerarquía:  

“Estos aficionados están unidos en una comunidad mediante intereses no pragmáticos. Esto no tiene nada que ver con ir al trabajo y esperar el salario. Muchos de los profesionales que trabajan en el ámbito de las casas de cultura como directores con frecuencia quedan impresionados por la entrega de los aficionados.  La inclusión de personas jóvenes en el grupo de los aficionados es un mecanismo para formar a un público inteligente, que se mostrará interesado y podrá valorar los distintos productos culturales”.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

Las personas que participaron en la actividad de las casas de cultura se convierten en ciudadanos activos y muchas veces regresan para encabezar las actividades en las casas de cultura, agrega Slavena Bayrakova.

Prácticamente hoy crece el número de las escuelas y los grupos de baile y teatro que desarrollan estas actividades y sus funciones repiten en gran medida las de las casas de cultura, con la diferencia de que en la casa de cultura están bienvenidas personas de todas las generaciones. De esta manera, gracias a los aficionados, el patrimonio cultural se transmite a otras generaciones.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

Nely Mihhyalova es presidenta del Consejo Público de una casa de cultura cuya historia comenzó hace 135 años. Lleva el nombre del poeta Hristo Smirnenski y se encuentra en la ciudad de Zlatitsa, en las faldas de los Montes Balcanes. “Nuestra casa de cultura destaca por su grupo teatral muy activo, un club literario y una extensa biblioteca con sala de lectura”, die Nely.

FOTO Casa de cultura Hristo Smirnenski 1889, en Zlatitsa

“Para nosotros el 1 de marzo es el día de las mártenitzas que intercambiamos deseándonos salud, con la esperanza que trae el despertar de la naturaleza, con nuevas expectativas de que nos sucederá algo bueno. Aquí está la simbología: la actividad artística de los aficionados también trae una renovación y vida. Los aficionados son personas cuyas almas son muy grandes y ellos traen la esperanza del despertar espiritual de la nación.   

Los aficionados actuales son los próceres de la ilustración modernos. Ellos nos dan el ejemplo de que uno puede entregar fuerzas y tiempo para el bien de todos. Es una magnífica experiencia formar parte de la comunidad de los aficionados”.

Redactora Guergana Máncheva

Traducido por Hristina Táseva