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Padre Petar Simeonov: 50 años de servicio a Dios

Padre Petar Simeonov

Padre Petar Simeonov

FOTO Darina Grigorova

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Se dice que Dios reúne a personas con valores, destinos e ideas comunes, que miran en la misma dirección y recorren el camino del crecimiento espiritual. Como servidor de Dios, el sacerdote atrae a la Iglesia a quienes comparten la misma fe y moral, creando un entorno donde las almas que buscan a Dios se encuentran con mayor facilidad y forman juntas una comunidad sana y cohesionada. En el extranjero, cuando la patria está a miles de kilómetros, la necesidad de pertenecer a una familia espiritual que comparta idioma y fe se hace aún más evidente. Es en este contexto donde se manifiesta el papel de nuestra Iglesia, respondiendo a las búsquedas espirituales de nuestros compatriotas lejos de su tierra natal.

"Creo que no hay otra institución que haya demostrado ser capaz de restaurar el equilibrio espiritual en cada uno de nosotros”, afirma el padre Petar Simeonov, párroco de la iglesia búlgara “San Sofronio de Vratsa” en Lyon. “Tras cincuenta años de experiencia, estoy convencido de que esa institución es la Iglesia. Y, dado que vivimos en una sociedad demasiado cerrada, una vez viene la gente a la iglesia, luego no quiere irse”.

FOTO Darina Grigorova

El padre Petar ha pasado medio siglo acompañando a almas en busca de consuelo: en la calle, en el hospital, en la cárcel… Su trato cercano con los feligreses le ha traído un inmenso respeto como padre espiritual, conocedor del destino de generaciones de búlgaros, y alguien sensible a las alegrías y dificultades que atraviesan sus familias.


FOTO Дарина Григорова

“Hay que aprender a afrontar las distintas circunstancias que la vida o Dios nos presentan. Nunca debemos ser demasiado rígidos: hay que saber cuándo ser más duro, y cuándo, cómo y cuánto aflojar. La labor del sacerdote es buscar las almas humanas y, a través de la Iglesia, guiarlas hacia la salvación. Nuestro gran problema es que no somos conscientes de la riqueza que poseemos y, con frecuencia, no empleamos los medios más adecuados para llegar a quienes buscan; la Ortodoxia satisface tanto el hambre intelectual como el emocional y el místico”. De manera singular y espontánea, el padre Petar transforma la iglesia búlgara de Lyon en un hogar donde todos son bienvenidos y pueden encontrar consuelo y comunidad.

Su capacidad para ver más allá de las apariencias y unir a las personas con un cuidado paternal crea un verdadero sentimiento de familia ortodoxa, no sólo entre sus hijos espirituales en Francia, sino también más allá de sus fronteras. Prueba de ello fue la celebración del 50º aniversario de su ministerio en la iglesia búlgara de San Sofronio de Vratsa en Lyon. Por la gracia de Dios y con la bendición del metropolita Antonio de Europa Occidental y Central, la pequeña iglesia se llenó de laicos llegados de cerca y de lejos: búlgaros de Sofía, Ginebra, Madrid, París, Lille, Burdeos, Estrasburgo, Grenoble, Cannes, Niza y Argelia, así como franceses de matrimonios mixtos. Todos acogieron la invitación del padre Petar para participar en la modesta celebración organizada por la parroquia en Lyon. 

Entre los invitados de alto rango se encontraba la embajadora Mariana Boyadzhieva, quien conoció al padre Petar en París en 1994. "Personalmente, defiendo la postura de que es la Iglesia Ortodoxa Búlgara la que contribuye a unir a las comunidades búlgaras en todo el mundo, especialmente en países donde se practican otras religiones. Este espacio permite que los búlgaros ortodoxos —y no solo ellos— se reúnan para celebrar juntos y conmemorar tanto ocasiones alegres como tristes, a través de los servicios religiosos que reflejan el espíritu y las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa Búlgara."

De izquierda a derecha: el padre Georgi Georgiev, de Estrasburgo; el padre Petar Simeonov; la embajadora Mariana Boyadzhieva; el agregado comercial de Bulgaria en Lyon, Nikolay Teoharov, y su esposa

FOTO Darina Grigorova

Para la festividad, el protopsalto Georgi Mikov, director adjunto del Coro Masculino de la Catedral Metropolitana de Sveta Nedelya, llegó especialmente desde Sofía y presidió la solemne Liturgia Basiliana con sus magníficos cantos.

El protopsalt Georgy Mikov

FOTO Darina Grigorova

La alegría reflejada en los ojos de los presentes fue una prueba viva del amor y la fe que unían sus almas.Cuando las personas experimentan una felicidad tan pura simplemente por compartir la presencia de otros, es una clara señal de la afinidad espiritual que las une, basada en unos valores compartidos. Marín Rashev, quien llegó desde París acompañado de su esposa Diana, no oculta su alegría por el encuentro: “Conocimos a muchísima gente buena y esperamos que esto se mantenga como tradición, y que podamos formar parte de los proyectos conjuntos de esta comunidad. La iglesia es el vínculo con Dios y con otros búlgaros”.

Iván Stoyanov (en primer plano)

FOTO Darina Grigorova

“Por supuesto, en el templo está presente esa fe búlgara que llevamos dentro. Los búlgaros somos un pueblo con un gran espíritu, y precisamente por eso hay tantos búlgaros exitosos en altos cargos, personas brillantes que, lamentablemente, se encuentran en el extranjero”, señala la cantante folclórica Radka Gancheva, quien conmovió hasta las lágrimas a los fieles del Padre Petar con sus emotivas canciones búlgaras.

El padre Pedro, rodeado de sus hijos espirituales

FOTO Darina Grigorova

“Lo mejor está en Bulgaria, y si superamos las dificultades económicas, creo que nuestro país será ese ramo de flores, ese jardín paradisíaco del que cantamos”, añade Radka Gancheva, y canta: “¡Oh, Bulgaria, hermosa y amada madre…!”.

La felicidad en los ojos de todos los presentes que acudieron a honrar al Padre Petar fue el mayor regalo por sus 50 años de servicio, demostrando que las semillas que él ha estado sembrando a lo largo de medio siglo han dado buen fruto. Por eso la fiesta se convirtió en una celebración de ese amor que había unido -mediante la fe- a los que estaban presentes.

Fotografías de Darina Grigorova

Traducido por Zoraida de Radev