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Ramadán Bayram vuelve a reunir a las familias musulmanas en Bulgaria

Durante la festividad se celebran el gusto y las tradiciones: la baklava no falta en ninguna mesa

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Tras un mes de ayuno, humildad y purificación espiritual, las familias musulmanas en Bulgaria se reúnen para celebrar el Ramadán Bayram. La festividad está precedida por el día de Arifeh, en el que se recuerda a familiares y amigos fallecidos, de forma similar al Día de los Difuntos en la Iglesia Ortodoxa, “Zadushnitsa”: se limpian los cementerios, se prepara una masa en los hogares y se elaboran mekitsi (desayuno de masa frita) y se reparten entre vecinos y familiares. La caridad es una parte esencial de todo el mes de Ramadán, durante el cual los creyentes se esfuerzan por ser personas mejores, más compasivas y donan limosnas para diversos fines benéficos, como muestra de empatía hacia los problemas de sus vecinos y de la sociedad. Antes de que comience la festividad, los musulmanes pagan un impuesto llamado “fitre”, cuya cantidad la determina el Gran Muftí; que este año es de 10 euros por persona.

 

FOTO BTA

El Ramadán Bayram es una de las festividades más importantes y queridas del calendario musulmán. Dura tres días y este año comenzó en la madrugada del 20 de marzo, cuando los hombres se reúnen para la oración festiva en el templo antes del amanecer. Después, los adultos regresan a sus hogares para el momento más esperado: que los niños llamen a la puerta y que las familias se reúnan alrededor de la mesa festiva.

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“Al regresar a casa, los jóvenes besan las manos de los mayores, y el ambiente es muy festivo”, comenta Gonul Dailova, del centro comunitario “Gunesh” de Ruse. Está convencida de que los centros comunitarios desempeñan un papel fundamental en la preservación de las tradiciones festivas, conservando así la memoria y la identidad cultural. “Cuando se transmiten a los niños, ellos aprenden respeto, bondad y empatía”, afirma, volviendo a sus propios recuerdos de infancia y observando que algunos rituales parecen estar desapareciendo”.

“Antiguamente se reunían familias muy numerosas; los niños se juntaban y recorrían las calles y las casas para recolectar dulces. Esto parece ahora cosa del pasado. Quizás la razón sea que la mayoría de las familias jóvenes están en el extranjero. En el centro cultural estamos intentando reunir a los adultos y a nuestros jóvenes activistas, para brindarles una especie de puente con el que transmitir estas tradiciones, y que los adultos cuenten cómo lo celebraban antes. Puedo enorgullecerme de que muchos jóvenes vengan a nuestro centro cultural y participen de lleno en nuestros eventos —conciertos, recreación de costumbres—, y creo que lo estamos logrando”.

FOTO Ayse Latif

El Ramadán Bayram es una festividad de gratitud, perdón, familia y… dulces. No es casualidad que lo llamen “sheker bayram” o “la fiesta dulce”: la mesa está literalmente repleta de tentaciones, como baklava, kadaif, delicias turcas y otros dulces almibarados y aromáticos. Pero la estrella indiscutible de la mesa sigue siendo la baklava, con su aroma a mantequilla, nueces y vainilla, que se prepara con paciencia, habilidad y con mucho amor. Ayshe Latif, periodista de Radio Shumen, comparte su receta festiva de baklava, ya probada.

FOTO Ayse Latif

“La preparación de la baklava empieza de forma muy sencilla, con aproximadamente un kilo de harina, dos huevos, un vaso de leche fresca y un poco de polvo de hornear. Hasta aquí, todo en calma: hasta que aparece la mantequilla. Utilizo un total de 625 gramos de mantequilla, 250 de los cuales son para la masa y el resto para el relleno. Añado unos 800 gramos de azúcar, seis sobres de vainilla y, por supuesto, muchas nueces”, cuenta Ayse Latif. Ella explica que aprendió a hacer baklava hace más de 30 años, cuando era una joven nuera, y que con los años ha perfeccionado esta receta:

“Veo programas de cocina, apunto ideas en un cuaderno especial con las recetas favoritas de mi familia, y uno de los trucos más importantes que aprendí hace unos años es colar la mantequilla caliente antes de rociar la baklava y de meterla en el horno. Así, las capas se hornean de manera uniforme, adquieren un color dorado y el sabor es más delicado”.

Otro punto clave es la preparación del almíbar. En casa nos gusta que la baklava sea más ligera y jugosa, por eso hiervo el almíbar solamente cuatro o cinco minutos. En mi opinión, si se hierve entre ocho y diez minutos, queda demasiado espeso y pesado. Y otra cosa: añado más zumo de limón al almíbar. La variante clásica lleva cinco o seis gotas, pero yo pongo dos o tres cucharadas soperas; esto evita que el azúcar se cristalice y hace que el almíbar quede suave y transparente.

La baklava es una auténtica bomba calórica: una bandeja de baklava casera contiene cerca de 12.000 calorías, pero nadie se come una bandeja entera, ¿verdad?

“Se prepara y se come por la fiesta, por la tradición, por el aroma de la infancia —recuerda Ayse Latif—. Y aunque una porción de unos 40 gramos tiene aproximadamente 300 calorías y, el sabor y la tradición siempre prevalecen sobre las cifras”.

¡Feliz Bayram a todos los que lo celebran hoy!


Entrevistas de Ayse Latif y Stefka Savova

Traducido por Zoraida de Radev