Militsa Tekelieva, en el camino de la identidad: de Zmeyovo a Berlín

El pódcast “Der Heimweg” despierta la curiosidad por Bulgaria y Europa del Este a través de la historia personal de una mujer búlgara

miércoles, 1 abril 2026, 18:00

Militsa Tekelieva, en el camino de la identidad: de Zmeyovo a Berlín

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¿Qué significa hoy la identidad nacional? ¿Hasta qué punto el lugar de origen la determina? ¿Cambiamos con el tiempo que pasamos en otro país, inmersos en una cultura diferente? Estas son solo algunas de las preguntas que plantea un viaje en tren realizado en 2023 desde el pueblo de Zmeyovo, en la región de Stara Zagora (sur de Bulgaria), hasta la capital alemana, Berlín. Cinco días repletos de reflexiones y pasiones sobre Europa del Este: su historia, su gente y su cultura; su belleza indómita; el lugar que ocupa un pequeño país como Bulgaria en el gran mapa del Viejo Continente, y las emociones que despierta el mundo cosmopolita en el que vivimos. El resultado de esta aventura es el pódcast en alemán “Der Heimweg” (“El camino a casa”), de la búlgara Milica Tekelieva.

 

FOTO Archivo personal

Nací en Stara Zagora, pero desde hace trece años vivo en Berlín, donde en los últimos cinco años trabajo como productora de pódcast en una productora. Pasé gran parte de mi juventud en el pueblo de Zmeyovo, donde viven actualmente mis padres y al que regreso cada vez que vuelvo a Bulgaria.

Mili, como la llaman sus familiares, es hija de la nueva era: alguien que ha dividido el sentimiento de hogar entre dos países y cientos de kilómetros de distancia. En ese camino surgen las preguntas que todos nos hacemos en busca de respuestas: ¿quién soy? Entre ellas, Militsa, que comparte su historia personal con el público de habla alemana en una serie de cinco episodios titulada “El camino a casa”. La presentación de uno de los episodios del pódcast en el Goethe-Institut de Sofía llevó a Tekelieva de regreso a su Bulgaria, donde habló de su idea de una identidad nacional en movimiento. Un viaje con el que puede identificarse cualquiera que haya dejado su hogar.

Ella misma decidió ir a Alemania con tan solo 19 años, por amor. “Era una joven enamorada, para quien las cosas sucedían sin un plan”, declaró la joven búlgara en una entrevista para Radio Bulgaria. Hace 13 años se matriculó en Periodismo con la intención de regresar a su país tras finalizar sus estudios en Alemania.

Militsa Tekelieva presenta el podcast "Der Heimweg" en el Goethe-Institut-Bulgaria

FOTO Dimitar Tekeliev

“Durante los primeros años no logré conectar con Berlín. La relación que me llevó allí se rompió rápidamente y me encontré sola, en el fin del mundo. Mi familia, que es muy importante para mí, no estaba, y me preguntaba qué hacía en ese lugar. Había decidido terminar mis estudios y luego volver a casa. Y entonces, inesperadamente, surgió otro amor, el segundo, que me hizo quedarme en Alemania, y desde entonces han pasado más de diez años”.

Hoy, Milica comenta con una sonrisa que finalmente ve Berlín con otros ojos: como un lugar lleno de cultura, de personajes interesantes y de libertad.Y aquí surge la pregunta: ¿qué importancia tiene la identidad en el proceso de adaptación a una cultura diferente? ¿Es determinante en las diferencias entre nosotros?

FOTO Archivo personal

“Somos diferentes, pero en el fondo no tanto. Creo que hay cosas que nunca podré explicar a mis amigos alemanes. Es más bien una sensación: la que experimento cuando estoy rodeada de búlgaros o, en general, de personas de Europa del Este, cuando existe una comprensión mutua, una conexión que no se puede traducir, por muy bien que se hable alemán. Porque, naturalmente, nos moldea el entorno en el que crecimos”, explica Milica.

Berlín es ahora su hogar, algo que ocurrió de forma imperceptible y gradual. Sin embargo, admite que durante mucho tiempo la cuestión de la identidad fue especialmente importante: explicar quién es. Y quizá fue precisamente esa búsqueda la que la “guió” en el viaje que emprendió hace casi tres años, desde su tierra natal hasta la que hoy construye en el extranjero.

FOTO Archivo personal

“Al final del viaje, reuní más de 200 grabaciones en distintos lugares. Pasé por Ruse, Bucarest, Budapest, Praga y, finalmente, Berlín, y en cada uno de ellos recogí sonidos de trenes y de las ciudades por las que transitaba. También grabé conversaciones con personas al azar. Para extraer una historia de todo este material, tuve que organizarlo y encontrar un hilo narrativo que fuera más allá de una simple guía turística. Debía ser algo más personal, un reflejo de mi propia esencia. ¿Qué significa este viaje como analogía entre la historia y las particularidades de los lugares recorridos? ¿Qué implica tener dos lugares a los que llamar hogar? Fue un proceso largo y difícil.

FOTO Archivo personal

Milica está convencida de que es mucho más fácil entender a una persona cuando se conoce su origen. “Es más fácil comprender la mentalidad búlgara cuando has estado en Bulgaria y, por supuesto, para mí también es más fácil entender la alemana después de haber vivido allí tanto tiempo. El hecho de que tengamos la oportunidad de viajar y movernos libremente por Europa es muy valioso para conocernos mejor y estar más unidos, para ver que en realidad no somos tan diferentes, a pesar de nuestras peculiaridades”, afirma.

Y esto es precisamente lo que intenta transmitir en cada uno de los cinco episodios de su pódcast. En el primero, llega desde Berlín, vía el aeropuerto de Sofía, al pueblo de Zmeyovo. Allí habla más sobre sí misma y, junto a su padre, Dimitar, recorre el pueblo, conocido por su tradicional Festival del Ajenjo en Nochebuena.


Militsa con su padre Dimitar Tekeliev

FOTO Archivo personal

“Mi padre y yo hablamos del viaje, pero también de por qué me fui en primer lugar y de cómo se siente al no estar con su familia.En el segundo episodio, presentado también en Sofía con el Instituto Goethe, reflexiono sobre mi nostalgia por la patria tras tantos años en Alemania, así como sobre mi sentimiento de culpa por haber dejado Bulgaria y por no contribuir directamente a su desarrollo. El tercer episodio transcurre en Rumania y narra mi encuentro con un amigo rumano, que también vive y trabaja en Berlín. Allí reflexionamos sobre el comunismo y el legado que dejó en la mentalidad de la gente.

El cuarto episodio tiene lugar en Budapest y está dedicado a una amistad casual con dos chicas, una de Australia y otra de Francia, a quienes conocí durante un recorrido en bicicleta por la ciudad. Este episodio trata sobre las personas que encontramos por casualidad en nuestro camino y cómo amistades así pueden nacer en un día y, a veces, terminar para siempre.”

‘En este episodio estoy sentada en la otra orilla del Danubio, la misma que visité hace unos días en Ruse, y todo se ve completamente distinto. Entonces reflexiono sobre lo que significa Europa del Este y por qué, en Bulgaria, a veces nos sentimos no del todo europeos, diferentes, aunque formamos parte de Europa. Fue interesante explorar las razones de esta percepción.

El quinto y último episodio está dedicado a Praga y a mi regreso a Berlín, y trata sobre la llegada y lo que significa llegar a un lugar, tanto literal como figurativamente. En Berlín siempre echaré de menos Bulgaria, y en Bulgaria siempre me enfadaré por algunas cosas”, comenta Milica con una sonrisa.

Milica admite que, en su situación, lo único que puede hacer es mantener la conexión con ambos lugares en la medida de lo posible. “Es muy importante para mí volver a Bulgaria siempre que mi trabajo me lo permita”, señala, y no oculta su alegría de que haya sido precisamente su labor profesional la que la trajo de vuelta esta vez. Una de las lecciones más valiosas que ha recibido a través del podcast “El camino a casa “es, que no necesita explicarle a nadie quién es.

Pueblo de Zmeyovo

FOTO Archivo personal

"En realidad, soy quien soy. Tanto si soy una búlgara en Berlín como si soy una búlgara que ha regresado de Alemania al pueblo de Zmeyovo, sigo siendo la misma, y eso basta. No necesito sentirme culpable por haber ido a Alemania, como ya mencioné. Dejar Bulgaria no es una traición a mi patria, y el hecho de regresar y mantener el vínculo con ella es suficiente”. Milica no solo ha mantenido su conexión con su tierra natal, sino que, a través de su trabajo y de las historias de Der Heimweg (El camino a casa), desea más que nunca despertar el interés por Bulgaria y por las historias menos conocidas de Europa del Este. “Espero motivar a los alemanes, antes de ir a Bali, a pasar por Bulgaria y probar una ensalada Shopska”, añade con su característico humor balcánico.

Autora: Vesela Krasteva

Traducido por Zoraida de Radev