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martes 14 abril 2026 15:35
martes, 14 abril 2026, 15:35
FOTO BNR
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La inflación tiene preocupados a los búlgaros: el cambio de moneda, sumado al aumento de los precios de los combustibles, está agujereando los presupuestos familiares. Por eso, los habitantes de Gabrovo -conocidos por su agudo sentido del humor y por lo ahorradores que son- dicen, bromeando o no, que no salen a la calle para no encontrársela. En la capital búlgara del humor la subida de los precios se ha convertido en otro motivo para bromear, y este año el concurso nacional infantil de elaboración de espantapájaros viene con el lema “Asusto a los precios, no a los cuervos”.
“Además de ahuyentar a los cuervos para proteger la cosecha, los habitantes de Gabrovo utilizan el espantapájaros para más cosas: hace años, unos ingeniosos vecinos de la ciudad colocaron al final del camino que lleva a sus casas un muñeco de policía a modo de espantapájaros para los conductores imprudentes”, cuenta la corresponsal de la BNR en Gabrovo, Velina Mahlebashieva. “Ahora el tema que más preocupa es la subida de los precios. Por eso desde el Museo Etnográfico “Étar”, los organizadores del concurso nacional de espantapájaros, han decidido poner a prueba el sentido del humor de los niños y jóvenes, invitándoles a crear unos espantapájaros dedicados no a asustar a los cuervos, sino a los precios. El concurso sigue en marcha, y ya han sido presentadas varias propuestas. Una de ellas es la de la guardería “Dagá” (“Arcoíris”) de Gabrovo.
“De todos los materiales que los niños han utilizado para su espantapájaros -el cual supera la altura de una persona-, solamente la escoba es un objeto nuevo”, aclara la profesora Petya Kerekova.
FOTO Museo Etnográfico Regional "Etar"
“Los niños dijeron que el espantapájaros tenía que llevar una escoba para ahuyentar los altos precios de los juguetes porque sus padres, desde que los precios están en euros, no les compran muchos juguetes. Así que lo hemos bautizado “El Barato” porque está hecho con cosas muy baratas: tapones de botella, un traje de una tienda de segunda mano, su boca está hecha de una pelota pinchada, y su falda, de un paraguas roto… También le hemos puesto un hilo rojo para que espante al mal de ojo. Y los niños le han puesto además un silbato en la boca, para que se escuche fuerte y consiga precios más bajos”.
Así es como, con mucho humor y muy en la línea de Gabrovo, los niños pequeños “representan” el gran tema del aumento de los precios y la inquietud que se respira en la sociedad búlgara. “Se ahorra dinero cuando lo hay”, comenta un hombre mayor de Gabrovo, y una vecina suya añade: “Los de Gabrovo somos capaces de sobrevivir de cualquier manera: simplemente nos quedamos dentro, esperamos a que pase lo peor, y entonces ya salimos.¡Somos duros de pelar!”.
FOTO Museo Etnográfico Regional "Etar"
Resulta que el humor es una parte importante del enfoque saludable para afrontar las situaciones difíciles y las crisis. La psicóloga y profesora Margarita Bakracheva ha compartido ante la BNR que si perdemos nuestro sentido del humor, la adaptación pasiva y la espera se ven reflejadas aún más negativamente en lo que traen consigo la inflación y las condiciones de incertidumbre financiera. Todo ello afecta a nuestra sensación básica de seguridad y control sobre la vida. Y por mucho que los adultos se estén esforzando en mantener el equilibrio, la situación de las últimas semanas está afectando también a los niños, afirma la experta.
“Realmente estamos viviendo en una situación de inseguridad que va en aumento, que comenzó durante la pandemia de COVID, después continuó con los conflictos bélicos, y que ahora se está agravando aún más. En este momento estamos hablando ya de una crisis global todavía más generalizada que, sumada además a una inestabilidad nacional, crea un entorno de imprevisibilidad donde nos resulta muy complicado planificar.”
No podemos proteger a nadie, la cuestión es que la adaptación se haga de una manera óptima, y de modo que se amortigüen los efectos negativos, afirma la psicóloga. Su consejo es que nos enfoquemos en aquellas cosas que nos dan una sensación de seguridad y control: y estas están relacionadas sobre todo con nuestras relaciones interpersonales, y con las cosas de la vida cotidiana que, independientemente de las circunstancias externas, sí podemos hacer.
FOTO Museo Etnográfico Regional "Etar"
“La desconfianza, la tensión social cada vez mayor, las elecciones que se acercan... Estos son temas que pueden influir mucho en nuestra comunicación con los demás. Por eso, yo diría que tenemos que aislar estos aspectos de nuestra realidad a la hora de comunicarnos con las personas con las que tenemos la oportunidad de hacer algo como ver una película, jugar a un juego o dar un paseo. La razón principal por la que nos sentimos mal y experimentamos esta ansiedad -la cual se refleja también en la supervivencia, la planificación y todas las demás preocupaciones que normalmente tenemos- es que una parte de la información la percibimos conscientemente a través de los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y lo que nos contamos unos a otros. Pero existe otra parte importante de la información que percibimos como seguridad o como inseguridad del entorno, la cual nosotros percibimos a través de nuestro sistema nervioso: esto son por ejemplo la falta de sonrisas en las caras de las personas o la sensación general que nos rodea, de la que normalmente no somos conscientes.”
Por eso precisamente son tan importantes las pequeñas cosas que podemos controlar, como dedicar un tiempo a organizar algo para nuestra familia o para nuestros hijos, sin intentar distorsionar con ello la situación o escapar de la rutina diaria. “Esto no resolverá el problema de la ansiedad generalizada, pero equilibrará y calmará un poco nuestro organismo”, comenta la especialista. “Al dedicar un tiempo a regular los sentimientos que experimentamos, estamos avanzando hacia el mantenimiento de ese equilibrio necesario para garantizar tanto la salud física como la mental”, aclara la profesora Margarita Bakracheva.
Entrevistas: Velina Mahlebashieva y Yuliana Kornazheva
Editora: Elena Karkalanova
Publicado por Alena Markova