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Raina Mandzukova: “Unos 30 niños en Argentina ya están aprendiendo búlgaro”

La directora de la Agencia Ejecutiva para los Búlgaros en el Extranjero habla sobre sus encuentros con búlgaros en cuatro países de Sudamérica

jueves, 14 mayo 2026, 12:30

Raina Mandzukova

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Diez días, siete vuelos y decenas de encuentros con búlgaros en Colombia, Argentina, Chile y Brasil: este es el breve resumen del último viaje a Sudamérica de Raina Mandzukova, directora ejecutiva de la Agencia Ejecutiva para los Búlgaros en el Extranjero.

“Ya el año pasado recibimos una invitación para conmemorar el centenario del traslado de los búlgaros y gagaúzos de Besarabia a Brasil, previsto para el 25 de abril. Este tema no solo nos toca de cerca, sino que la Agencia tiene un papel importante en la difusión de esta información en Bulgaria. En 2010, dentro de nuestro programa editorial, se publicó el libro de Jorge Kosikov “La inmigración en Brasil y Uruguay: búlgaros de Besarabia y gagaúzos”, que despertó el interés de los investigadores. Sabíamos que había búlgaros en Brasil, pero el gran público desconocía que parte de ellos eran de Besarabia y que primero se trasladaron de Bulgaria a Besarabia y luego a Brasil. Además, el IABCH apoyó la película de Polya Stancheva “Y llegaron al fin del mundo”, sobre los búlgaros en Argentina, y el equipo obtuvo fondos del programa “Movilidad” del Ministerio de Cultura para viajar a Argentina y presentarla allí. “Me invitaron a formar parte del equipo que la presentará”, contó Raina Mandzukova en una entrevista para Radio Bulgaria.




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En vísperas del viaje se publicó el libro de la doctoranda de la Universidad Nueva de Bulgaria, Anzhela Georgieva, titulado “El arte de la comunicación en la migración – Tomo I: Sudamérica”, que completó el contenido del programa. “En diez días conseguimos reunirnos con búlgaros en cuatro países y presentar dos productos”, resume el director ejecutivo de la Agencia para los Búlgaros en el Extranjero. La primera reunión tuvo lugar en Bogotá y, en gran medida, fue improvisada: una escala de tres horas en el aeropuerto permitió a la delegación invitar a representantes de la comunidad búlgara en Colombia.

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“Al final acudió uno: Nestor Slavov, un trombonista búlgaro que lleva años viviendo allí. Le estoy muy agradecida por haber venido, porque compartió información muy interesante sobre los búlgaros en Colombia. Se trata principalmente de músicos y especialistas de distintos ámbitos, que mantienen el contacto entre ellos. Su principal dificultad es la ausencia de embajada y la necesidad de resolver los asuntos consulares en São Paulo. También plantearon preguntas relacionadas con la obtención de la nacionalidad búlgara. El programa más intenso fue el de Argentina, donde Raina Mandzukova fue recibida como alguien que había cumplido la promesa hecha durante la primera visita de un representante de la agencia en 2023. 

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“Lo primero que hice tras mi visita a Argentina fue cambiar al responsable de la Agencia para ese país y nombrar a una persona que hablara español. Se trata de descendientes de búlgaros que emigraron a comienzos del siglo XX y cuyo conocimiento del búlgaro se ha ido perdiendo con el tiempo. Ni siquiera imaginaba lo positiva que sería esta decisión: ahora he comprobado sobre el terreno que la gente está muy agradecida y que, durante estos casi tres años, la comunicación con la Agencia se ha vuelto mucho más directa y activa”, señala Raina Mandzukova. Mandzukova recuerda también algunos acontecimientos en Bulgaria fruto de este diálogo activo, como la visita de Erika Perales al país. Actualmente se prepara la llegada de otra compatriota de la asociación Iván Vázov de Beriso, que, al igual que Erika, pasará dos meses en Bulgaria.

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“Lo más importante para Argentina es que, desde hace un año, ya cuenta con una escuela dominical. Esto ha sido posible gracias al trabajo de nuestra colaboradora, Tanya Kostadinova, presidenta de la asociación Espejo Espiritual. Puede que no suene muy administrativo, pero hay cosas que, cuando mucha gente desea que ocurran, simplemente suceden. El hecho de que exista una escuela en línea en Argentina, filial de la escuela búlgara de Skopie, es algo único. Ya hay unos treinta niños que aprenden búlgaro mediante un programa financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia de Bulgaria”, explica Raina Mandzukova. El acto central, la presentación de la película de Polya Stancheva y del libro de Angela Georgieva, tuvo lugar en la “Sala Dorada” del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un importante gesto de apoyo de las autoridades locales hacia la comunidad búlgara.

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El acto central, la presentación de la película de Polya Stancheva y del libro de Angela Georgieva, tuvo lugar en la “Sala Dorada” del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un importante gesto de apoyo de las autoridades locales hacia la comunidad búlgara.

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“Sin embargo, allí contamos con muchos búlgaros muy activos. Desde la decana de la comunidad, la señora Margarita Ganeva, que lleva más de 40 años en Chile, hasta varias jóvenes músicas que llevan entre tres y cuatro años en el país, todos se alegraron mucho de que un representante del Estado estuviera con ellos. Muchos sufren la falta de una embajada. Hemos identificado varias medidas para hacer esta relación más directa. Una de ellas es motivarlos a inscribir a sus hijos en la escuela dominical de Buenos Aires”, explica Raina Mandzukova. La siguiente parada del viaje es la escuela dominical búlgara de São Paulo, donde, junto con su director, Mihail Krastanov, se debatieron los problemas actuales del centro educativo.


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Más allá de lo emocional, pude ver que estos búlgaros, al igual que los de Argentina, aunque hayan perdido en gran parte el conocimiento del búlgaro, siguen sintiéndose vinculados a Bulgaria. Con motivo del aniversario del éxodo, han publicado el libro “1926-2026: Versión resumida de la historia del reasentamiento”, con una portada en la que un rayo de sol atraviesa Brasil, Bulgaria y Besarabia. En la Agencia para los Búlgaros en el Extranjero estudiaremos la posibilidad de publicar este libro en búlgaro.

Autor Yoan Kolev
Traducido por Zoraida de Radev