Autor
Gergana Mancheva
Artículo
La artista Petya Konstantinova presenta a Sofía su “Praga voladora”
“Dibujar es trabajo y constancia: imponerte un ritmo y hacer girar la rueda de la imaginación”
jueves 28 mayo 2026 14:06
jueves, 28 mayo 2026, 14:06
FOTO Archivo personal
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“Las ciudades en las que vivimos, en realidad, nos habitan a nosotros mismos: se cuelan en nuestros corazones y pensamientos, conquistan imperceptiblemente nuestro habla, nos domestican y hacen que nos asemejemos a los autóctonos”. Este es el mensaje que percibimos en la exposición de la joven artista Petya Konstantinova. Sus cuadros muestran imágenes näive de gatos, perros, pájaros y siluetas de casas de la “Praga voladora”, y ahora están expuestos en el gran vestíbulo del Centro Cultural Checo, en la calle Rakovska 100, en Sofía. La inauguración de la exposición atrajo la atención de decenas de admiradores del arte colorido, y la artista impartió incluso una clase abierta de dibujo con sus seguidores más entusiastas.
FOTO Centro Cultural Checo en Sofía
Petya Konstantinova lleva 10 años viviendo en la capital checa, Praga, y es de allí de donde nace su inspiración para dibujar. De debajo de su pincel surgen personas con grandes sombreros que llevan una jarra de cerveza en la cabeza en unos cuadros, y en otros predominan las siluetas del Puente de Carlos, el Castillo de Praga y las catedrales, y esa suave luz de las farolas que juega con los reflejos y las sombras en las aguas del río.
Pero ¿quién es realmente Petya Konstantinova? Ella nació en Stara Zagora, completó sus estudios en Plovdiv y Sofía, y su trayectoria profesional discurrió en una editorial de publicaciones técnicas. Un problema de salud inesperado la enfrentó al dilema de si continuar profesionalmente en un entorno de ritmo frenético, o bajar el ritmo, tomarse un breve descanso y replantearse todo lo vivido hasta entonces. Así fue como Petya se adentró en el mundo del dibujo y la pintura, algo que había estado guardado en lo más profundo de su ser. A partir de ese momento todo cambió a 180º y ella comienzó a hacer realidad sus sueños.
FOTO Petya Konstantinova
Aun sin tener formación artística, Petya se lleva dedicando a la pintura ya 13 años. Sus cuadros han sido expuestos tanto en Bulgaria como en la República Checa, Alemania, Polonia, Bélgica y Luxemburgo. Ha participado como ilustradora en diversas publicaciones, y ha colaborado con editoriales de Bulgaria, la República Checa, Rumanía o China.
“La pintura me ha acompañado durante toda mi vida más bien como un hobby, mientras que mi trayectoria profesional se había orientado hacia el mundo editorial, las agencias de publicidad y los departamentos de marketing y relaciones públicas. Pero el nivel de presión en mi trabajo era muy alto y afectó a mi salud. Acabé en el hospital con una úlcera”, comparte Petya Konstantinova en una entrevista para Radio Bulgaria:
FOTO Gergana Mancheva
“En un momento dado me di cuenta de que aquel ritmo me superaba y que tenía que cambiar algo. Pero al principio no tenía una idea clara de cómo cambiar las cosas, o de qué dejar de hacer. Te repites a ti mismo que vas a bajar el ritmo, que vas a descansar más, que no te vas a enfadar… Pero no funciona así. En seguida vuelves a subirte al mismo tren y alcanzas la misma velocidad. Mi decisión fue emocional. Simplemente llegó un momento en el que ya no podía trabajar bajo presión. Hay personas que aguantan más, yo no soy así. Y un día simplemente dejé mi trabajo. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, el pánico se apoderó de mí más aún. Pero hoy no me arrepiento ni por un segundo. Estoy agradecida de que llegara aquel momento, lo había estado posponiendo durante demasiado tiempo. Y, aún así, no tenía ni idea de cómo cambiar. Porque, a los 33 años, estar inscrita en la oficina de empleo teniendo estudios y sabiendo idiomas me parecía vergonzoso y aterrador. Estando ya en casa, me dije que tenía que empezar a buscar trabajo inmediatamente. Pero en los momentos en que uno se siente mal, suele recurrir a actividades que le distraen y que le dan tranquilidad. En mi caso, eso fue el dibujo.”
FOTO Gergana Mancheva
“Mientras iba a entrevistas de trabajo, dibujaba mucho más que antes. Y, de repente, fue como si el universo se volviera hacia mí y me tendiera la mano: recibí una invitación para una exposición, nada menos que en Luxemburgo. Justo en el momento en que acababa de encontrar un trabajo y había vuelto al mundo del marketing, entonces llegó la invitación. Había regalado uno de mis cuadros por un cumpleaños, y parte de los invitados vivían y trabajaban en instituciones de Luxemburgo. Les gustó el cuadro, me pidieron otros y al mes siguiente recibí una invitación de un club búlgaro en Luxemburgo para visitarles con una exposición. Así fue como se pusieron en marcha las cosas con el dibujo. La exposición salió muy bien y me dije que quería hacer realidad otro de mis sueños: crear mi propio calendario. Ya sabía cómo era todo el proceso, la preparación para impresión, etc., y con esos conocimientos creé mi primer calendario. Recuerdo que saqué un total de 200 ejemplares y, al enseñarlos en Internet, la gente los empezó a encargar. Y yo se los llevaba en persona a la dirección indicada. Eso me hacía feliz”.
“Hoy en día hay muchos artistas se dan a conocer a través de las redes sociales, pero antes no era así”, recuerda la artista. Lo que más le alegra es ver el entusiasmo en los ojos del público. “Que te valoren personas desconocidas es mucho más que gustarles a tus amigos”, dice Petya, y añade que el éxito es precisamente eso: el ganar confianza en uno mismo gracias a la valoración y las palabras amables de tantos admiradores. “Ni siquiera me atrevo a llamarme artista, porque aún no tengo ese autoestima, pero, por otro lado, he empezado a ganar confianza en que lo estoy haciendo tiene sentido”. Así explica la artista sobre su experiencia artística:
FOTO Gergana Mancheva
“En cierta medida, esta visibilidad en las redes sociales me ha permitido llegar al público y han empezado a llegarme encargos de editoriales, agencias de publicidad e incluso de empresas que no tienen nada que ver con el arte. También me doy cuenta de que a quienes les gustan mis cuadros son personas con las que tenemos un ritmo interior muy similar, una emotividad muy parecida o que, en ese momento concreto, reconocen alguno de sus propios sentimientos en lo que yo he pintado. Me resulta muy fácil conectar con el público. Me gustaría mucho que el arte fuera una especie de puente entre las personas. Estoy muy agradecida por el hecho de que el dibujo me permite conocer a un público maravilloso y este es, quizás, el regalo más valioso. Un arte en el que no hay palabras, pero con el que te entiendes muy fácilmente con los demás precisamente a través de las imágenes”.
Y la inspiración está en todas partes, dice la artista. Puede surgir simplemente de un pequeño gesto de bondad o de ternura por parte de un desconocido. Ver cómo alguien se detiene en la calle para acariciar a un gato, o ver a una persona que se agacha para mover un caracol de la acera a la hierba: todas estas cosas despiertan los sentidos del artista. Según Petya, todo el mundo lleva el bien dentro de sí, y si hoy alguien se comporta con maldad es porque otro alguien le ha dado la vuelta a su alma, abriéndolo en la “página equivocada”.
“Siempre he buscado la metáfora en el dibujo. Las cosas no deben ser literales. Tiene que haber una historia, algo que se esconda detrás. El autor expresa lo que siente, pero dejando que el espectador desarrolle su propia historia. Que haya un toque de misterio. Por ejemplo, si un hombre y una mujer están juntos, pero sus miradas se dirigen en direcciones diferentes, empiezas a crear una historia en torno a eso. ¿Por qué no miran en la misma dirección? Son pequeños detalles que pueden llevarte hacia una interpretación totalmente diferente. En un cuadro puedes ver muchas cosas, si quieres”.
“Dibujar requiere esfuerzo y constancia: imponerte un ritmo y hacer girar la rueda de la imaginación. Sí, es fácil resbalar y que te digas a ti mismo: hoy no me apetece dibujar, hoy voy a descansar. Por eso me obligo a sentarme ante el papel, a veces incluso a derramar la pintura encima y ver qué puedo ver en esa mancha, en qué puedo convertirla. Simplemente debes buscar aquello que te hace disfrutar. Para uno eso puede ser escribir, para otro dibujar, para otros será viajar. A menudo, para salir de una situación difícil, simplemente tenemos que cambiar el punto de vista. Por ejemplo, un viaje te lleva a otro entorno, a otra situación, y a veces ahí el problema que tenías se sustituye por otro. Igual vas corriendo para no perder un tren o has confundido la dirección, eso son cosas que también te ayudan a cambiar el enfoque: si antes estabas pensando en un problema concreto, ahora te toca resolver otro. Además, nunca es tarde para descubrir un nuevo talento propio: solamente tienes que conectar contigo mismo y darte tiempo”.
Autor: Gergana Mancheva
Traducción: Alena Markova
Publicado por Alena Markova