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“Yo soy kyustendilense”: Casey de Nueva York elige Bulgaria como su hogar
domingo 28 junio 2026 10:25
domingo, 28 junio 2026, 10:25
FOTO Facebook /Casey Angelova
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Les presentamos a una sonriente estadounidense que se considera a sí misma kyustendilense. Casey Angelova nació en Brooklyn, Nueva York, pero hace ya más de 15 años que eligió Bulgaria como su nuevo hogar. Su familia y ella se instalaron en la región de Kyustendil (Suroeste de Bulgaria) y allí Casey encontró una nueva dirección de vida: la agricultura sostenible, los productos ecológicos y el contacto con la naturaleza.
En la granja del pueblo de Shipochano, Casey y su marido comenzaron a desarrollar diferentes proyectos inspirados en las tradiciones autóctonas y en los recursos naturales de la zona, bien conocida en Bulgaria como “el huerto de las cerezas de Bulgaria”. Entre sus iniciativas encontramos un huerto de cultivo de trufas, la producción de aguardiente de cereza artesanal o, recientemente, la nueva debilidad de nuestra invitada: la elaboración de jabón a partir de ingredientes completamente naturales.
FOTO Facebook /Angelove Estate
Nada más llegar a Bulgaria Casey descubrió algo que le había estado faltando mucho en su vida de Nueva York: el contacto directo con la naturaleza.
“En Nueva York todo es hormigón y es difícil conectar con la naturaleza. Cuando llegué a Kyustendil me impresionaron mucho los cerezos por las calles. Al salir del colegio los niños pasaban por delante y recogían cerezas. En Nueva York esto sería impensable. Fue precisamente esta cercanía con la naturaleza lo que hizo que me sintiera tan bien aquí. En Nueva York yo trabajaba desde la mañana hasta la noche y apenas me quedaba tiempo para estar con mi familia. En Bulgaria he encontrado el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Aquí las personas tienen tiempo para compartir, sentarse a almorzar tranquilamente… Al principio esto fue un shock cultural para mí pero hoy estoy convencida de que la vida con un ritmo así es mucho mejor”.
El camino de su nueva vida pasó por la gastronomía. Precisamente en Bulgaria Casey descubrió su amor por la comida, el huerto y la vida en el campo. En 2008 comenzó su blog gastronómico “Eating, Gardening and Living” donde empezó a hablar de sus experimentos y sus descubrimientos. Su interés por la cocina la llevó al prestigioso Instituto Culinario de América (Culinary Institute of America) en Hyde Park, donde se graduó en 2011.
FOTO Anelia Dimitrova
Las primeras clases de cocina búlgara se las dió en realidad su propia suegra.
“Cuando nació mi primera hija mi suegra llegó a Nueva York y trajo de Bulgaria ajedrea, albahaca y otras especias. Ella no hablaba inglés y yo no sabía búlgaro, pero me enseñó a hacer albóndigas y musaka búlgaras. Me quedaba a su lado con un cuaderno y lo dibujaba todo: una cebolla ‘así de grande’, las albóndigas con ‘este’ tamaño… todavía guardo aquellas recetas. Yo no cocino muchos platos búlgaros porque prefiero la cocina más bien internacional, pero me encantan por ejemplo el tarator (sopa fría de pepino) y la ensalada Shopska. En verano mi comida consiste en: tomates, pepinos del huerto, un buen queso búlgaro y tarator.”
Pero sus búsquedas gastronómicas no se quedan ahí. Durante uno de sus viajes culinarios a Nueva York, Casey se inspiró en el mundo de las trufas y las destilerías artesanales. Y estas fueron las siguientes ideas que acabó realizando más tarde en Bulgaria.
FOTO Facebook /Angelove Estate
Hoy Casey se autodefine como escritora, agricultora, cocinera, asesora de agricultura sostenible, experta en compost y entusiasta del vino. Participa activamente en diferentes iniciativas relacionadas con los alimentos ecológicos y las formas de vida sostenibles, así como en la creación de la red juvenil Slow Food en Bulgaria.
Para Casey Bulgaria es desde hace tiempo mucho más que un lugar donde vivir. Es un hogar, y el sitio donde ha encontrado su vocación y una manera de vivir. Donde la paz del pueblo y el trabajo entre la naturaleza son una fuente de inspiración.
“Hay personas que van a terapia. Mi terapia es el huerto. Esta forma tan sencilla de vida es buena para el corazón. Cuanto tengo tiempo libre estoy siempre entre las plantas, echo un vistazo a los tomates, escucho a los pájaros, las ranas y las abejas. Esta vida me sienta muy bien, porque en la ciudad el ruido no para nunca y aquí, sin embargo, uno puede escuchar la naturaleza. Esto es algo que te da una verdadera tranquilidad.”
FOTO Facebook /Angelove Estate
Tras casi dos décadas en Bulgaria, Casey ya no se siente una invitada. Al contrario: ella misma dice sonriendo que se siente kyustendilense.
“Cuando la gente me dice que soy de Nueva York, yo respondo: ‘No, yo soy kyustendilense’. Yo no soy estadounidense en Estados Unidos, y tampoco soy búlgara en Bulgaria, pero me siento kyustendilense en Kyustendil. Después de tantos años aquí, Bulgaria es mi hogar y sueño con crear algo aquí. Algo que quede cuando ya no estemos.”
El hogar no es siempre el lugar donde naciste y la historia de Casey Angelova es una muestra de ello. A veces el hogar está ahí, donde encuentras tu vocación, donde encuentras a las personas que sientes como tu familia y la manera de vivir que te hace verdaderamente feliz. Entre el ruido de Nueva York y la calma de Kyustendil, Casey ha encontrado su camino cerca de la naturaleza y de los valores humanos más sencillos, y nos demuestra que Bulgaria puede convertirse en un hogar para cualquiera que sea capaz de amarla.
Autor: Anelia Dimitrova
Redactor: Elena Karkalanova
Traducción: Alena Markova
Publicado por Alena Markova