Autor
Maria Stoeva
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Trabajar como traductora para las instituciones europeas
Yoana Stoyanova habla sobre los retos y las satisfacciones de la traducción
martes 7 julio 2026 14:15
martes, 7 julio 2026, 14:15
FOTO Parlamento Europeo
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Yoana Stoyanova es indóloga y traductora del inglés y al inglés, con una amplia experiencia profesional y una trayectoria envidiable tanto en la interpretación como en la traducción literaria. Gracias a ella, podemos asomarnos a la cabina búlgara del Parlamento Europeo, el Consejo de la UE y la Comisión Europea, instituciones para las que trabaja.
El búlgaro es una de las 24 lenguas oficiales a las que se traducen las sesiones, reflejo de la diversidad lingüística del continente. Más allá de los innumerables e interesantes aspectos teóricos de la transición de una lengua a otra, hablamos de la práctica de la traducción, de las particularidades de sus distintas modalidades y de los placeres y las dificultades de la interpretación simultánea, que como dato curioso surgió en su forma actual durante los juicios de Núremberg, entre 1945 y 1946. Fue entonces cuando, por primera vez, los intérpretes, equipados con material técnico especializado, hicieron posible la comunicación multilingüe a una escala sin precedentes.
¿En qué consiste traducir para las instituciones europeas?
Yoana Stoyanova
FOTO Archivo personal
“Para mí, la principal ventaja, por así decirlo, es formar parte de la Unión Europea desde dentro y ver prácticamente todo. Enseguida queda claro hacia dónde se dirige la legislación y cuál es la orientación general de la Unión, tanto en el plano geopolítico como en el de los valores. Por ejemplo, cuando empecé a traducir, en todas partes solo se hablaba del Pacto Verde. Todo giraba en torno a la ecología, los objetivos medioambientales y una gran ambición. Todo eso quedó en un segundo plano tras la guerra en Ucrania y ahora el tema dominante es la defensa”, cuenta Yoana Stoyanova en una entrevista para Radio Bulgaria.
“Para mí es maravilloso poder formar parte de la UE, porque creo en ella como un proyecto de paz extraordinariamente exitoso que lleva décadas manteniendo la paz dentro de la Unión”, afirma la búlgara.
Añade que conocer desde dentro el funcionamiento de las instituciones europeas le permite formarse una idea realista de lo que ocurre en Bruselas, sin la intermediación de los medios de comunicación o, en ocasiones, lamentablemente, de los grupos de presión.
FOTO brusselstimes.com
La variedad de acentos también supone una dificultad para el intérprete oral
“Se habla una variante del inglés conocida como Globish; en este caso, se trata del inglés de Bruselas, donde cada persona domina el idioma en un grado diferente y, muy a menudo, traduce literalmente al inglés expresiones propias de su lengua materna. A veces, esas expresiones acaban incorporándose al lenguaje cotidiano y se fijan en el uso. Sin embargo, en muchos casos se trata de expresiones completamente nuevas”, explica la traductora.
FOTO Consejo de la Unión Europea
La traducción para las distintas instituciones europeas tiene, de hecho, sus propias particularidades:
“En los grupos de trabajo del Consejo se entra en muchos detalles técnicos y siempre se utiliza la misma terminología, lo que facilita mucho el trabajo. En cambio, en el Parlamento todo es impredecible. Allí se habla de forma muy florida y se busca causar impacto con las palabras, por lo que el discurso tiene un carácter mucho más persuasivo y contundente, y requiere mucha más imaginación, incluso en búlgaro. Así que la diferencia es bastante grande”.
Según Yoana Stoyanova, la traducción oral y la traducción escrita son actividades radicalmente distintas que exigen habilidades completamente diferentes.
“En la traducción escrita se tiene la oportunidad de pulir el texto durante mucho tiempo. En cambio, en la interpretación todo tiene que salir bien a la primera y ser apto para su uso. Y si, además de ser útil, el resultado es bueno, la sensación es increíble”.
FOTO paperjam.lu
Para la traductora, la inteligencia artificial no tiene cabida en la traducción, porque se limita a sustituir una secuencia de palabras por otra en un idioma distinto basándose en predicciones probabilísticas. La traducción humana, en cambio, consiste en leer, comprender e interpretar un texto para después expresarlo en otra lengua; es decir, es una actividad intelectual, y “la inteligencia artificial o mente artificial aún no es capaz de pensar”.
“Creo que la automatización no puede sustituir a los especialistas en lengua, porque el idioma está vivo. Cambia constantemente y se adapta a las necesidades del momento, a la situación comunicativa y al texto. Evoluciona junto con las mentalidades, la cultura y la forma de pensar. Recibe una enorme influencia de otras lenguas, de las subculturas y de muchos otros factores. No hay forma de prescindir de la intervención humana: una persona que vive en el mundo percibe todas esas influencias, las experimenta en carne propia y también las incorpora a su propio discurso. No debemos sucumbir a esa sensación o a la idea extendida de que ya no necesitamos traductores ni redactores ”.
FOTO EC
Es más, la propia traducción contribuye a dar forma al idioma, influye en su desarrollo y en nuestra manera de expresarnos.
“Y como actualmente consumimos directamente textos en inglés, discursos en inglés y otros contenidos, vemos cómo personas que no son traductores incorporan expresiones inglesas y las traducen literalmente al búlgaro. Así, el búlgaro empieza a sonar fragmentado, incoherente e incomprensible entre generaciones. En mi opinión, una mala traducción contribuye a una baja cultura lingüística y, en última instancia, conduce al empobrecimiento de la propia lengua, lo que a su vez provoca una comunicación deficiente e incluso un pensamiento más limitado, porque, al fin y al cabo, pensamos con palabras y frases. Y cuanto más pobre e incómodo sea el idioma como herramienta de comunicación, más limitados estaremos a la hora de expresarnos y pensar”.
Autora María Stoeva
Traducido por Zoraida de Radev