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Después de 22 años en el extranjero

La vida en el campo puede estar llena de entusiasmo, causas y emociones felices

domingo, 12 julio 2026, 09:30

La vida en el campo puede estar llena de entusiasmo, causas y emociones felices

FOTO Личен архив

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Veintidós años repartidos entre Francia, Estados Unidos y el Reino Unido son tiempo suficiente para que una persona busque un lugar tranquilo donde echar raíces, lejos del ruido y el ajetreo de la gran ciudad. Eso es precisamente lo que han hecho Petar Gitsoaika, su esposa y sus dos hijos al instalarse hace dos años en uno de los pueblos cercanos a Sofía, en el municipio de Gorna Malina.

Su trabajo en el sector de los mercados financieros y los ahorros acumulados permiten a la familia alquilar una casa en el pueblo de Negushevo y comprar un terreno para construir su propia vivienda, cuya construcción todavía no ha comenzado.

“Cuando decidimos volver a Bulgaria, tuvimos que pensar en la educación de los niños. Habíamos decidido que no queríamos vivir en Sofía porque, aunque somos de allí, después de veinte años de ausencia nos dimos cuenta de que la calidad de vida en la capital había cambiado mucho. Queríamos estar más cerca de la naturaleza y, por casualidad, nos enteramos de la existencia de la escuela del pueblo de Osoytsa. Concertamos una reunión en línea con la directora y nos gustó mucho. Volvimos durante dos semanas y empezamos a explorar los pueblos de los alrededores. Y, gracias al boca a boca, llegamos al pueblo de Negushevo cuenta Petar. En mayo de 2024 tuvimos la llamada semana de prueba” en el colegio, durante la cual los niños podían asistir a clases en su futura aula para valorar si les gustaba o no. Mientras ellos estaban en el colegio, mi mujer y yo recorríamos la zona buscando una casa y, cuando llegamos a Negushevo, simplemente nos enamoramos del lugar. Hay algo inexplicablemente encantador en las casas, en la gente y en todo lo que hay aquí”.

Negushevo

FOTO negushevo.org

Así, la familia de Petar Gitsoaika regresa a su tierra natal y se instala en este pueblo de la época del Renacimiento búlgaro, situado en la parte más oriental de la cuenca de Sofía. Y resulta que la vida en el pueblo, además de ofrecer un contacto constante con la naturaleza, brinda muchas otras oportunidades:

Petar Gitsoaika

FOTO poveyi.com

“Una de las preguntas que nos hacíamos era qué hace la gente en el pueblo, ¿hay algo que hacer allí?.

Nos sorprendieron muchísimo todas las iniciativas: actividades culturales, bailes folclóricos, judo para los niños todos los fines de semana.

FOTO negushevo.org

En la cercana localidad de Dolno Kamartsi se encuentra la galería de arte de Vihroni Popnedelev, donde los niños pintan y trabajan con arcilla. En Negushevo tenemos un cine de verano casi todas las semanas, donde se proyectan películas búlgaras contemporáneas y, a menudo, sus creadores acuden en persona para participar en coloquios. Las zonas rurales cobran vida y nos volvemos menos dependientes de la gran ciudad”, cuenta Petar. Él mismo y su familia participan activamente en diversas iniciativas en Negushevo. Entre ellas destaca una causa importante para la localidad: la restauración del antiguo edificio de la escuela para convertirlo en un centro comunitario. De momento, intentan recaudar 20 000 euros para reparar el tejado.

El edificio de la antigua escuela de Negushevo

FOTO Centro comunitario de Negushevo/Facebook

“Construido en 1894, el edificio es precioso, con un patio enorme y techos altos. Estamos desarrollando la idea de convertir este lugar en un centro cultural y educativo. El patio de la escuela alberga un huerto que ocupará cerca de tres decáreas, junto con un grupo de entusiastas, también cultivamos varias parcelas más, donde sembramos, entre otras cosas, trigo espelta. Utilizamos el edificio y el patio como espacio para demostrar prácticas agrícolas sostenibles. Pero la otra función será la cultural: mediante exposiciones, conciertos y proyecciones de cine, iremos incorporando a más personas a nuestra comunidad”.

FOTO negushevo.org

Varias veces al año, en el escenario instalado en el patio de la escuela, Petar y su familia organizan conciertos, ya que la música es para ellos una afición y una pasión.

FOTO Centro comunitario de Negushevo/Facebook

Cada vez son más los ejemplos que confirman a Petar y a su familia que tomaron la decisión acertada al mudarse lejos de la ciudad:

FOTO Centro comunitario de Negushevo/Facebook

“La transición de una vida ajetreada a otra más tranquila y en contacto con la naturaleza ha sido bastante fácil. Siempre habíamos buscado esa conexión con la naturaleza. Lo que no esperábamos y que más nos ha ayudado ha sido la gente. Llevábamos 22 años sin vivir en Bulgaria y esa era la gran incógnita. Durante las primeras semanas, casi todos los días venía alguien a regalarnos algo: luténitsa, tomates. Esa forma en que la gente se ayuda mutuamente nos ha llegado al corazón y es un buen ejemplo de cómo debería funcionar la sociedad”.



Autor  Yoan Kolev

Traducido por Zoraida de Radev