Penka Kasabova: la golondrina blanca de la educación preescolar en Bulgaria

Aunque separados, Penka Kasabova y el cantante de ópera Boris Hristov permanecieron unidos en espíritu hasta su último aliento

miércoles, 12 agosto 2026, 20:20

Penka Kasabova: la golondrina blanca de la educación preescolar en Bulgaria

FOTO Diana Tsankova

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A principios del siglo pasado un padre, cautivado por la guardería que vio en la calle “Solunska” de la capital, se prometió a sí mismo averiguar si allí también se formaban maestras. Más tarde, delante de su hija, ya crecida, él pronunció las siguientes palabras: “Esta labor es útil y, tarde o temprano, se desarrollará. ¡A ver si Pesha es quien le dé el empujón necesario!”. La joven, que acababa de obtener su título de bachillerato y soñaba con ser astrónoma, se quedó con estas palabras y con su mensaje, que alimentaría de amor y dedicación a su corazón abierto al servicio.

Boris Hristov y Penka Kasabova

Boris Hristov y Penka Kasabova

FOTO geomilev.com

Penka Kasabova nació el 12 de agosto de 1901 en Stara Zagora, en el seno de la familia del profesor y librero Milo Kasabov. Uno de sus hermanos era el poeta Geo Milev. Dos años después de las proféticas palabras de su padre, Pesha –como la llamaban cariñosamente– ya había completado el curso de pedagogía de Elizabeth Clark en la Guardería Americana de Sofía.

Elizabeth Clark vio en ella a una futura artista, porque era creativa y responsable”, afirma la profesora Raina Zaharieva, doctora en psicología pedagógica, profesora desde hace años en la Universidad de Sofía y amiga suya. “En 1928, la profesora llevó a su alumna a su universidad en Chicago para que cursara allí tres años de estudios. Penka Kasabova regresó bien preparada, convirtiéndose en la ‘golondrina blanca’ de la educación preescolar, y logró sacar a relucir la individualidad de cada niño, algo que ni siquiera nuestro sistema educativo actual ha logrado”.

Penka Kasabova: la golondrina blanca de la educación preescolar en Bulgaria

FOTO El libro de Raina Zaharieva "Biobibliografía de Penka Mileva Kasabova"

En 1932, Penka Kasabova tomó el relevo de Elizabeth Clark y, como directora de la guardería y del instituto pedagógico adjunto a ella, formó a cientos de maestras que asumieron la profesión como una misión propia. Kasabova también trabajó por cambiar la actitud de los profesores y los padres hacia los niños, así como la política gubernamental en este ámbito. Abrió además guarderías por todo el país, incluídas guarderías de verano en los pueblos donde, mientras las madres recogían la cosecha, los niños aprendían a comer con cubiertos y sobre un mantel, y memorizaban poemas y canciones. En su revista “Primeros pasos”, Penka Kasabova creaba rúbricas dirigidas a todos los participantes en la educación preescolar. En una de aquellas páginas su sobrina, Leda Mileva, se inspiró para escribir su famoso poema “El conejito blanco”, con el que acabaron creciendo todas las generaciones posteriores de niños búlgaros.

Penka Kasabova: la golondrina blanca de la educación preescolar en Bulgaria

FOTO El libro de Raina Zaharieva "Biobibliografía de Penka Mileva Kasabova"

Penka Kasabova utilizaba el método de los proyectos”, añade Raina Zaharieva. “Por ejemplo, durante tres meses las profesoras trabajaban el tema ‘Bomberos’ y ella llevaba a todos a la estación para que vieran cómo se trabajaba allí, cuántas personas había y qué ocurría. Todo lo que un niño tenía que saber sobre lengua búlgara, matemáticas y el mundo que le rodea, lo aprendía en el marco de ese proyecto, incluidas canciones, dibujo y baile. Es decir, ella combinaba todo el conocimiento tal y como se da en la vida real y se lo transmitía a los niños. Y al final había un concierto para los padres”.

La primera mujer búlgara con un título en educación infantil aplicó los conocimientos y habilidades adquiridos al otro lado del océano, pero adaptados a las condiciones en Bulgaria, y convirtió en su principal motivación la convicción de que es mejor corregir los primeros pasos del niño que los caminos torcidos del adulto. Más tarde Kasabova confesaría que trabajar con niños era para ella realmente un acto de devoción.

Penka Kasabova pasará a la historia también por otro motivo: fue una de las primeras en descubrir el enorme talento del cantante de ópera Boris Hristov, cuyo desarrollo profesional fomentó con fe y con amor. Ambos se conocieron en una reunión con el coro “Gusla”, a la que ella había llevado a las chicas de su curso preparatorio para maestras.

Boris Hristov y Penka Kasabova

Boris Hristov y Penka Kasabova

FOTO geomilev.com

Fue un encuentro maravilloso, pero Penka era trece años mayor que él”, cuenta Raina Zaharieva. “Boris era joven, bohemio, bebía y fumaba. El rey descubrió su talento y él se marchó a estudiar a Italia. Ella no dejó de estar en contacto con él: al principio le envíaba tabaco, pero luego le diría que no debía fumar ni beber. Le dijo: ‘¡Cuando vea tu nombre en un cartel, indicando que participas en alguna ópera, entonces nos casaremos!’. Ella lo amaba, pero le ponía condiciones para sacar lo mejor de él. Y, efectivamente, vio su nombre en un cartel”.

Mientras tanto, los comunistas llegaron al poder y un “amigo” –un informante de los servicios secretos en quien confiaron– desempeñó un papel fundamental para que a Boris Hristov se le prohibiera regresar a su patria y que a Penka Kasabova se le impidiera visitarle, a no ser que accediera a delatar a los búlgaros en Italia ante la “Seguridad del Estado”, a lo que ella se negó.

Penka Kasabova tenía ya su vestido de novia, un anillo y la maleta preparada para ir a Italia, pero entonces le dijeron: ‘Que vaya tu hermano a recoger tu pasaporte, tú ve yendo al aeropuerto”, cuenta Raina Zaharieva, basándose en lo que escuchó de primera mano. “Y ella salió para allá. Pero, al llegar su hermano, no traía el pasaporte. Penka vio entonces a un joven que esperaba para subir al avión y le dijo que en Roma se encontraría esperando a un señor y que debía transmitirle que ella nunca iba a llegar”.

Más tarde, cuando permitieron que el cantante de ópera –que ya se había casado con Franca de Renzis– regresara a su país natal, unos amigos organizaron encuentros entre ambos. Se intercambiaron unas 180 cartas en las que comentaban, entre otras cosas, las características psicológicas de los personajes de ópera. Con sus consejos, Penka Kasabova contribuyó a su magnífica presencia en el escenario. En su último encuentro, durante la visita a la iglesia de “San Alejandro Nevski”, ella se aseguró de que su amado abandonaba este mundo con la crucecita que ella misma le regaló años atrás.

Penka Kasabova: la golondrina blanca de la educación preescolar en Bulgaria

FOTO El libro de Raina Zaharieva "Biobibliografía de Penka Mileva Kasabova"

En 1948, Penka Kasabova fue despedida del Ministerio de Educación –donde ocupaba el cargo de inspectora jefe de educación preescolar– por negarse a cumplir la orden de Georgi Dimitrov de introducir el “método soviético” en las guarderías. Tras mostrarse rotunda en que no deseaba que las milicianas educaran a los niños, ella se quedó sin trabajo, fue tachada de espía y expulsada de la capital. Ante estos sucesos, su madre acudió al líder comunista con una única pregunta: “Ustedes mataron a uno de mis hijos (Geo Milev), ¿por qué van ahora a por el otro?”. Finalmente permitieron a su hija quedarse en Sofía, pero sin permiso para trabajar.

Penka Kasabova nos dejó un año antes de cumplir los cien años. Hasta su último aliento ella conservó su porte digno y, aunque se mantuvo fiel a su único amor –aquel que fue imposible– nunca se sintió sola, porque tenía las visitas de sus alumnas, amigos y sobrinos, dispersos por todo el mundo. Raina Zaharieva fue su confidente, a ella fue a quien en vida Penka Kasabova pidió que pronunciara el discurso fúnebre al llegar su día, y hoy Zharieva nos cuenta que guardará en su corazón una verdad eterna:

Mapa de los colegios descubiertos por Penka Kasabova

Mapa de los colegios descubiertos por Penka Kasabova

FOTO Diana Tsankova

Ella decía que el amor une a las personas con un hilo invisible y que, cuando amas incondicionalmente, ayudas. Porque enfrente tienes a un ser humano y amar es precisamente lo humano. Lo animal es comer, saquear, atacar, sobrevivir. Su vida no consistía en sobrevivir, ella caminaba hacia arriba, por encima de las cimas. Desarrollo, autoestima, dignidad: así es como la recordaré”.

Ciento veinticinco años después del nacimiento de Penka Kasabova, en su ciudad natal ni siquiera hay una calle que lleve su nombre. En el Ayuntamiento de Stara Zagora aún lo están valorando, aunque cuatro décadas dedicadas a la educación de los niños de todo un país merecen, sin lugar a duda, este generoso gesto.


Autor: Diana Tsankova

Traducción: Alena Markova