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De la colección de Radio Bulgaria
Leyendas populares sobre San Iván de Rila
El patrón celestial de Bulgaria abandonó este mundo el 18 de agosto hace 1080 años
martes 18 agosto 2026 12:10
martes, 18 agosto 2026, 12:10
"San Juan de Rila, el Taumaturgo": icono de Nikola Obrazopisov
FOTO Museo Histórico - Samokov
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Paganismo ortodoxo u ortodoxia pagana es como podríamos calificar una parte de nuestro acervo folclórico. Sin contradicción alguna, en ella conviven costumbres cristianas y folclóricas, relatos bíblicos ambientados en tierras búlgaras y canciones populares que suenan como cánticos religiosos. Una parte considerable de la creación literaria del pueblo búlgaro está dedicada a San Juan de Rila, uno de los santos más queridos del país, protagonista de numerosas leyendas, mitos y canciones populares.
En la tradición folclórica es más frecuente la presencia de San Juan Bautista. Hay muchas costumbres asociadas a este santo, venerado el 7 de enero según el calendario cristiano ortodoxo. También se relaciona con su nombre el día de San Enio, como solemos llamarlo los búlgaros (Eniovden), que se celebra el 24 de junio.Cabe recordar que el culto a los santos cristianos fue penetrando y difundiéndose en nuestras tierras durante los siglos III y IV, antes de que los búlgaros adoptaran el cristianismo como religión oficial. Probablemente, ya entonces, buena parte de las representaciones de los santos fueron adquiriendo algunos rasgos propios de las deidades paganas veneradas hasta aquel momento en estas tierras.
En cambio, los mitos y leyendas sobre San Juan de Rila se caracterizan por una relativa similitud con las hagiografías existentes. Según las fuentes eclesiásticas, San Juan de Rila nació en el año 876 en la aldea de Skrino, cerca de la ciudad de Kyustendil. Falleció el 18 de agosto de 946. Ya en vida fue llamado “Ángel de Dios” o “Morador del Cielo”
San Juan de Rila es el protector de Bulgaria. A su nombre se añade inevitablemente el calificativo de Taumaturgo, debido a los milagros que realizó durante su vida terrenal y después de su muerte. Se han conservado 16 hagiografías sobre él. La más antigua data del siglo XII y es la llamada Hagiografía Popular o Anónima. Los investigadores suponen que existió otra hagiografía, más antigua, escrita poco después de la muerte de San Juan. Se desconocen las fuentes literarias en las que se basa la Hagiografía Anónima, pero podemos afirmar con certeza que resume las leyendas existentes en aquella época sobre el Monje de Rila.
San Iván de Rila y el zar Petar: pintura mural
FOTO bg-patriarshia.bg
Las leyendas más difundidas sobre San Juan de Rila lo presentan como un hombre humilde y un taumaturgo comparable al propio Jesucristo. Tal es el caso de la leyenda sobre el zar Petar y su deseo de conocer al ermitaño, recogida en la Hagiografía Anónima.
El gobernante había oído hablar durante años de los milagros del ermitaño Iván, que es el nombre búlgaro de Juan. Un día, el zar fue a Sredets, antiguo nombre de la actual capital búlgara, Sofía, y quiso encontrarse con el padre Iván. Los emisarios palaciegos buscaron durante largo tiempo al ermitaño y finalmente lo encontraron a la entrada de una cueva. Le explicaron el motivo de su visita. San Juan los escuchó y después les ofreció un convite. Solo tenía un trozo de pan seco y los emisarios pensaron que se quedarían con hambre.
A semejanza de Cristo, que sació a la muchedumbre con tres peces y cinco panes, San Juan hizo que el pan, aunque era muy poco, alcanzara para todos y, además, supiera magníficamente. Uno de los emisarios estaba enfermo, pero gracias a aquel pan sanó de inmediato. Al regresar junto a su soberano, los emisarios le contaron entusiasmados lo que habían oído, visto y experimentado.
El zar partió en busca del venerable anciano para verlo en persona, pero el lugar donde se encontraba era de difícil acceso y el soberano no pudo acercarse a él. Envió nuevamente a unos mensajeros y San Juan de Rila recomendó al zar que subiera a la cima y encendiera allí una fogata. “Todo es posible gracias a Dios y no a los hombres…Así podremos vernos”, rezaba el mensaje del ermitaño. El zar cumplió su encargo y el propio San Juan hizo lo mismo. De las fogatas se elevaron al cielo dos enormes columnas de humo. Al ver cada uno la columna de humo del otro, ambos glorificaron a Dios y se rindieron homenaje mutuamente, haciendo una profunda reverencia.
El zar envió al ermitaño una copa llena de oro. San Juan aceptó únicamente la copa y le devolvió el metal precioso. En la versión más difundida de esta historia, el gobernante envió al ermitaño una enorme carga de frutas, víveres y mucho oro. San Juan aceptó las frutas y devolvió al mandatario el oro con el siguiente mensaje: “Díganle al zar que acepto las frutas porque son alimento para el cuerpo, pero que le devuelvo el oro porque es veneno para el alma”.
FOTO BGNES
Un cuento popular recrea la imagen de Juan cuando era niño. El muchacho cuidaba del ganado del hombre más rico de la localidad. Una de las vacas cruzó el río y parió en la otra orilla. El pastorcito no sabía qué hacer y fue a ver al propietario del rebaño, que era un hombre despiadado y grosero. Este ordenó al pequeño criado que llevara los animales al rebaño y él mismo se escondió para ver cómo se las arreglaría el muchacho.
El río Struma había crecido como un mar y el chico no podía vadearlo. Entonces Juan rogó a Dios, puso su abrigo sobre las aguas y cruzó el río hasta la otra orilla como si viajara a bordo de una nave. De la misma manera transportó al ternero recién nacido, y la madre lo siguió sola. Al ver aquello, el hombre rico se asustó y despidió al muchacho.
El santo recibe distintos nombres según la región folclórica de que se trate. Además de Iván, su nombre aparece como Iován, Ován o Alía. Este último sugiere que se le atribuían las facultades sobrenaturales del profeta bíblico San Elías, según los investigadores.
San Juan de Rila Taumaturgo: pintura mural en el Monasterio de Rila
FOTO BGNES
El sinfín de leyendas sobre curaciones se sitúa en el límite entre lo real y lo místico. Algunas de estas leyendas fueron creadas en el siglo XX, cuando el archimandrita Kliment Rilski las reunió en su libro Los milagros de San Juan de Rila y el icono milagroso de Nuestra Señora Osenovitsa en el Monasterio de Rila. La obra se publicó en 1946 con motivo del milésimo aniversario de la beata desaparición del santo y narra diversos sucesos relacionados con su vida. Hemos escogido un testimonio del gran etnógrafo búlgaro Hristo Vakarelski. En un artículo citado por el archimandrita Kliment, el científico relata su propia historia. De niño enfermaba con frecuencia y no conseguía curarse. Alguien había aconsejado a sus padres que lo llevaran ante San Juan, en el Monasterio de Rila. Los padres tomaron al niño, que estaba muy enfermo, lo subieron a un carro y emprendieron el camino hacia el monasterio.
Era la víspera de la celebración del nacimiento de la Virgen María, el 8 de septiembre según el calendario ortodoxo. Se detuvieron a dormir cerca del monasterio. Se preguntaban cómo llegarían allí por la mañana con un niño tan agotado que ni siquiera podía dar un paso.“Mi abuela, desesperada, cortó un palo de avellano, regresó junto al fuego y me lo mostró. Yo lo tomé, me apoyé en él y empecé a andar”, escribió el catedrático Vakarelski.
Su madre hizo una profunda reverencia en dirección al monasterio: “Querido San Juan, me has regalado al niño. Querido San Juan, este niño es para ti”.Los padres prometieron llevar al niño al monasterio con regalos cuando se curara. Cumplieron su promesa. Hay miles de promesas de este tipo en Bulgaria, porque los búlgaros creen firmemente en los poderes milagrosos del santo de Rila, concluye el catedrático Vakarelski.
Versión en español por Ekaterina Bóbeva
Publicado por Zoraida de Radev