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Los vástagos búlgaros que dieron buena cosecha en Hungría

miércoles, 2 septiembre 2026, 18:40

Los vástagos búlgaros que dieron buena cosecha en Hungría

FOTO Alexandra Karamihaleva

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Aunque nació en Hungría y considera ese país como su lugar natal, la identidad búlgara de Krasimira Kutsarova sigue siendo intacta. Para las personas como ella, "los ancestros" no es un concepto abstracto, sino que representa a personas a que conoce, recuerda y trata personalmente: son sus padres, abuelos, tíos, tías, amigos y compañeros de clase con los que crecieron juntos.

La fuerza de las raíces se mantiene gracias a una tradición viva que perdura en el tiempo. Proviene del pueblo de Polikraishte, en la región de Veliko Tarnovo, y de los jardineros búlgaros que nacieron allí. Ellos cobraron fama en toda Europa como maestros agricultores que llevaron consigo su oficio y su fuerte conciencia nacional. Sus descendientes recorren ese camino cada verano, cruzando fronteras, para regresar y reunirse con sus familiares en la aldea de Polikraishte.

Krasimira Kutsarova

Krasimira Kutsarova

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Nací aquí, en Budapest, y al fin y al cabo esta es mi patria. Pero para mí Bulgaria también es una patria, porque cada verano íbamos a visitar a nuestros abuelos. Los padres de mi madre estaban en Bulgaria. Hoy en día esa tradición se mantiene: cuando llega el verano y la festividad del pueblo en Polikraishte, todos los que estamos en el extranjero: en Hungría, Eslovaquia, Austria o dispersos por todo el mundo, nos reunimos allí. Nos reunimos tal como estamos aquí, vivimos como hermanos y hermanas y nos alegramos de tener la oportunidad de vernos“, cuenta Krasimira para el podcast dedicado a temas religiosos de Radio Bulgaria Puente de fe.

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Desde el punto de vista histórico, la iglesia siempre ha sido el núcleo espiritual alrededor del cual se concentra el espíritu nacional búlgaro en el extranjero. En Hungría, este modelo de supervivencia espiritual encuentra su máxima expresión en la combinación entre la fe y la educación y la cultura, simbolizadas por la casa de la cultura y la escuela búlgara.

Estos imponentes edificios guardan la historia de varias generaciones. Krasimira cuenta que, como el trabajo ininterrumpido en los huertos no permitía a los padres a llevar y recoger cada día a sus hijos, ellos se quedaban durante toda la semana en el internado de la escuela búlgara. La vida en la residencia, donde estos chicos y chicas comían, estudiaban y pernoctaban de lunes a viernes, construyó entre ellos unos lazos extremadamente profundos y fuertes. Esta convivencia cercana dio origen a verdaderas amistades y los recuerdos cálidos y bonitos que ella conserva hasta el día de hoy.

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Para comprender la fuerza de esta cohesión y continuidad a través de las generaciones, debemos mirar hacia el pasado de la famosa colonia de horticultores de Polikraiste y Draganovo. Esta es una historia sobre el trabajo ininterrumpido coronado por el éxito, sobre la dignidad del agricultor búlgaro y sobre la capacidad de nuestro pueblo de demostrar su valía y prosperar en un país extranjero.

Estas personas tan trabajadoras querían encontrar una forma de vida mejor. Empezaron como peones en huertos ajenos, para recaudardinero y poder comprar tierra propia. Así empezó también mi abuelo con sus hermanos y su hermana. Trabajaron en los huertos, juntaron dinero y cada uno de ellos compró su propio huerto. Después mi padre se reunió con su padre quien ya tenía su propio huerto. Así hicimos girar la rueda: con mucho trabajo, muchas noches sin dormir y una gran unión, señala la Sra. Kutsarova.

El Estado y la sociedad húngaros acogen y valoran con dignidad a estos laboriosos inmigrantes búlgaros, porque trajeron consigo cultivos hasta entonces desconocidos para la agricultura local y una ética de trabajo de ato nivel. Su cohesión les permitió construir su propio centro en el prestigioso noveno distrito de Budapest, donde en aquel tiempo se encontraba el mercado central de verduras.

Los vástagos búlgaros que dieron buena cosecha en Hungría

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¡Somos una comunidad tan fuerte y unida! Hemos logrado progresar en un país extranjero que nos ha dado un hogar y nos ha acogido como a los suyos. Siempre hemos sido bien valorados como ciudadanos búlgaros trabajadores. Nunca nos hemos sentido como extranjeros en este país, porque hemos contribuido al cultivo de hortalizas en él: el cultivo de tomates, berenjenas, puerros, algo que era típico de esa época en los países balcánicos. Los húngaros no los conocían.

Nuestra conversación con Krasimira Kutsarova crea la sensación de un hilo vivo entre las generaciones que nunca se romperá. Mintras uno piensa en esta continuidad se convierte en testigo de una tradición viva y anual que transforma la metáfora en realidad. Los búlgaros de la Hungría de hoy, personas que gozan de un indiscutible progreso social y de éxitosen su ámbito profesional, acuden al patio de la iglesia búlgara "San Cirilo y San Metodio" en Budapest para llevarse raíces. Literalmente.

Los vástagos búlgaros que dieron buena cosecha en Hungría

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Cada mayo, la Autonomía Búlgara en Hungría organiza una iniciativa notable: en el patio de este mismo templo se reparten plantones de variedades de élite de hortalizas búlgaras. Era emocionante observar cómo los desendientes de los jardineros cargaban con esmero en sus coches modernos cajas con brotes verdes y frágiles, llevándolos a sus hogares húngaros como la carga más valiosa. Tal vez estos pequeños brotes no son simplemente una futura cosecha de verduras. Son un símbolo de ellos mismos: plantones frágiles que alguna vez sus abuelos trasplantaron y sembraron con cuidado en tierra extranjera. Plantones que, gracias al templo, la escuela, el centro cultural y la unión, han echado raíces profundas y fuertes, han florecido y dan una rica cosecha en Hungría yen sus países vecinos.

Redactora Alexandra Karamihaleva