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El padre Maxim, del monasterio de Kikkos: con amor y cariño por Bulgaria

El padre Maxim, del monasterio de Kikkos, Chipre

El padre Maxim, del monasterio de Kikkos, Chipre

FOTO Krasimir Martinov

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Peregrinos de todo el mundo acuden a diario a la montaña de Troodos para venerar el icono milagroso de la Virgen de la Compasión del monasterio de Kikkos, en Chipre. Este lugar cobra más vida aún durante las grandes fiestas cristianas. Muchos búlgaros también visitan el santo monasterio.

En su administrador, el padre Maxim, hemos encontrado una “huella búlgara” ligada al desarrollo actual del monasterio. El padre Maxim es búlgaro por parte de padre, y chipriota por parte de madre. Se formó en la Universidad “Paisii Hilendarski” de Plovdiv y es invitado a menudo a la escuela dominical búlgara “Rodna Stryaha” en Chipre.

¿Cómo llegó el padre Maxim a formar parte de este santo monasterio? Su historia nos remonta a 2007, cuando visitó el monasterio por primera vez, junto con sus compañeros de clase. Cautivado por la fuerza espiritual de este lugar, se enamoró de él y acudía allí cada vez que había una fiesta importante, y también durante las vacaciones. Así fue como conoció a su actual mentor espiritual.

Antes de terminar el 12º curso, no pude más y decidí que quería irme al monasterio”, comenta el padre Maxim. “Viví aquí casi ocho meses y después me enviaron a estudiar teología. Hice los exámenes en Salónica. Pero entonces con uno de los hermanos de Kikkos –el metropolitano Isaías– visitamos la metrópolis de Plovdiv. Y, con la bendición del metropolita Nicolás, me matriculé en la Universidad de Plovdiv. Tras graduarme, hice el magisterio y un doctorado en Moscú, después regresé a Chipre y en 2021 me ordené monje. Poco después, por decisión del metropolita Niciforo, quien vio en mí ciertas cualidades, fui ascendido al cargo administrativo más alto: el de administrador del monasterio central. Como tal, soy responsable de la acogida de los huéspedes, de los cerca de 100 trabajadores que forman parte de la plantilla de 250 personas del monasterio, así como de sus actividades económicas y de todo lo relacionado con la gestión del monasterio.”


Aunque el monasterio de Kikkos es estavropigial, este solamente depende espiritualmente del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa de Chipre. Económicamente es totalmente independiente de él. Por ello todos los ingresos obtenidos son destinados a las necesidades del monasterio. Con ellos se autofinancia, pero también lleva a cabo una serie de actividades en beneficio de la sociedad: ayuda a familias pobres, mantiene sus propias instituciones sociales –residencias para personas mayores, para niños y para personas con discapacidad– y apoya el trabajo de otras organizaciones sociales. El monasterio de Kikkos cuenta con su propia policía, su servicio de bomberos, su servicio de urgencias médicas, un museo con nueve tiendas y sus propias explotaciones agrícolas.

El monasterio no es ascético. Somos un monasterio abierto y practicamos un monacato social. Estamos abiertos a todo el mundo: a visitantes, a grupos de peregrinos y a turistas. El monasterio abre sus puertas a las 4:30 h de la mañana y recibe visitantes hasta las 18:30 h en invierno y hasta las 19:30 h en los meses de verano. No tenemos restricciones. Esto hace que nuestro monasterio sea especial. Está abierto a todo tipo de actividades que sitúen en el centro al ser humano. Por eso goza de un enorme prestigio en la sociedad. Su principal objetivo es centrarse en las necesidades de cada cristiano. Así pues, con los fondos del monasterio se han construido muchas escuelas, guarderías y universidades.”

La Virgen de Kikkos, pintura mural

FOTO Krasimir Martinov

De hecho, el monasterio desempeñó un papel similar ya en los primeros años tras su fundación. Esto tiene relación también con la leyenda del icono milagroso que ahora se conserva en el templo de Kikos.

En el siglo XI, incluso antes de que se construyeran la iglesia y el monasterio, vivía aquí un monje llamado Isaías. Era un gran asceta. A menudo acudían a él los gobernantes bizantinos. El gobernador de la parte chipriota del imperio, Manuel Voutomitis, conoció al monje y recibió una revelación de la Virgen María: que debían trasladar el icono de la Virgen de la Compasión desde Constantinopla a Kikkos, en los años previos a la llegada de los francos y su saqueo. Manuel e Isaías acudieron al emperador bizantino Alejo I Comneno. Este, sin embargo, no creyó que se tratara de una revelación de la Virgen María. Y ella se le apareció. Entonces él entregó el icono y cedió las tierras para la construcción del monasterio y de todas sus dependencias. El objetivo era mantener el ejército del emperador bizantino en esa parte del imperio. Y así, ya en aquellos primeros años, el monasterio comenzó a prosperar.”


Además de mantener un vínculo personal con Bulgaria, el padre Maxim es un referente para muchos compatriotas que viven en Chipre. Él mismo imparte clases de religión en una de las escuelas dominicales búlgaras. Cuenta que Bulgaria es para él algo muy querido y valioso. Le gusta relacionarse con sacerdotes búlgaros, así como con personas que visitan la isla. Sin embargo, al parecer, Bulgaria es también un tema delicado para el padre Maxim. 

“La situación de Bulgaria no me alegra; tampoco la forma en que actúan los políticos ni los laicos", nos dice. "Sin embargo, sí valoro la labor de la Iglesia, que se esfuerza por cumplir su misión en la medida de lo posible. Los gobernantes deben comprender que, si no apoyan a la Iglesia, el pueblo búlgaro no alcanzará la prosperidad. Veo con esperanza el trabajo de los jerarcas búlgaros, que actúan con dedicación por sus feligreses, y rezo con humildad para que Dios les dé fuerzas. Los búlgaros deben saber que, estemos donde estemos: en Estados Unidos, Canadá, Australia, Chipre, España o Italia, seguimos siendo búlgaros. Nos duele lo que sucede y rezamos por la prosperidad y el crecimiento espiritual del Estado y del pueblo búlgaro”.

FOTO Krasimir Martinov

Según el padre Maxim, el camino hacia la prosperidad es que incluso los niños crezcan en comunión con Dios, lo que abre el tema de la enseñanza religiosa en la escuela.

“La enseñanza de la fe en las escuelas es muy importante. Hay que entender que esto sólo puede aportar valores positivos y contribuir a formar buenas personas, afirma convencido el padre Maxim. Cuando los niños crezcan, llevarán esa semilla que Dios podrá hacer florecer, para que se conviertan en personas íntegras”. Le preguntamos al padre Maxim: ¿cuál es la experiencia de Chipre? “La Iglesia siempre ha desempeñado un papel importante. Por eso, la enseñanza religiosa forma parte del ADN del sistema educativo chipriota. Para cualquier decisión relevante sobre los planes de estudio, el Ministerio de Educación consulta a la Iglesia. La Iglesia es el pilar de todo Estado cristiano. Puede que a veces su lenguaje sea duro, pero debemos escucharla, porque los jerarcas transmiten el mensaje de Cristo”.

El complejo conmemorativo situado sobre el monasterio de Kikos, en memoria del arzobispo Macario

FOTO Krasimir Martinov

¿Cómo perciben la palabra de Dios los niños búlgaros de la escuela dominical en la que imparte clases el padre Maxim?

“Lo que observo es que incluso los niños de matrimonios mixtos muestran interés. Cuando voy a dar clase, acuden todos, incluidos los padres. Es una señal de que la gente busca a Dios. Los niños también desean aprender. Pero es importante contar con un buen programa que no les resulte abrumador y que esté adaptado a su edad. Los búlgaros aquí están muy abiertos al pensamiento teológico, siempre que se aborde con sensibilidad, con amor y sin críticas. Y los niños no son una excepción”.

Autor: Krasimir Martinov

Traducción: Alena Markova y Zoraida de Radev

Publicado por Alena Markova, Zoraida de Radev