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Ivo Ivanov
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El arsenal de la libertad en el Levantamiento de Abril – Primera parte
Cómo los troncos de cerezo se alzaron y vencieron al acero
domingo 26 abril 2026 10:10
domingo, 26 abril 2026, 10:10
FOTO Ivo Ivanov
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En 1876, tras tres meses de preparativos, los revolucionarios del Comité de Giurgiu se alzaron contra el dominio otomano de cinco siglos en las tierras búlgaras. La revuelta fue sofocada sangrientamente en menos de un mes. Sin embargo, en el contexto de la crisis internacional provocada por la llamada “Cuestión Oriental”, el levantamiento también puso sobre la mesa la cuestión de la libertad de los búlgaros. Estos acontecimientos condujeron a la Guerra ruso-turca (1877-1878) y a la creación del Principado de Bulgaria, junto con la región autónoma de Rumelia Oriental, al sur de los Balcanes. Ante la escasez de armamento en su lucha por la libertad, los búlgaros mostraron una determinación extraordinaria: llegaron a fabricar cañones de madera para enfrentarse al ejército otomano, regular y modernamente equipado.
La idea de fabricar artillería búlgara durante el Levantamiento de Abril se atribuye a Iván Kishelski, nacido en Kotel. Como oficial superior del ejército ruso, escribió el “Manual para combatir con éxito a los turcos”, publicado en 1876. “En él desarrolla la idea de que los insurgentes búlgaros deben crear las tres ramas de las fuerzas terrestres: infantería, caballería y artillería”, explica Atanas Shopov, director del Museo Histórico de Panagyurishte, que fue el centro del Cuarto Distrito Revolucionario durante el levantamiento.
Prof. Dr. Atanas Shopov
FOTO Ivo Ivanov
Los comités eslavos de Rusia encargaron armas para la insurrección, incluidas dos baterías de cañones de acero. Sin embargo, por razones logísticas, el envío se retrasó y fue necesario improvisar.
“Cuando comienzan los preparativos, Stoil Fingikov pronuncia, de forma muy poética, una oración por Bulgaria que forma parte de nuestra exposición: “Oh, Dios, ilumina nuestro débil cañón para que retumbe, nos dé fuerzas y sea oído en Europa”. Pero cuando Panagyurishte ya arde y desde Lisets se observa la ciudad en llamas, el voivoda Georgi Benkovski le dice a Fingikov: “No temas, cañón. Tu cañón retumbó, retumbó hasta que fue oído incluso en Europa”.
Stoil Fingikov
FOTO Museo Histórico – Panagyurishte
Es cierto que el proyectil de cerezo es un símbolo de nuestra idea de Estado, un complemento en la construcción del ejército regular búlgaro. Si nos fijamos en estos proyectiles, es lógico que al principio, durante su fabricación y las primeras pruebas de disparo, se desintegraran. Sin embargo, poco a poco, bajo la dirección de Fingikov, Bimbashov y otros maestros, fueron perfeccionados: se fijaron firmemente al afuste con abrazaderas metálicas especiales y se reforzaron, lo que permitió que los cañones llegaran a disparar varios tiros consecutivos.
FOTO Ivo Ivanov
Entre los maestros de la artillería de cerezo se encontraban los herreros de Panagyurishte, los tyufekchi (armeros) y los carrujeros. Algunos de ellos, como Stoil Fingikov, Nikola Bimbashov y Atanas Uzunov, contaban con experiencia adquirida en los arsenales otomanos de Estambul. Se tiene constancia de unas 48 balas de madera de cerezo. En aquella época, cuando los otomanos disponían de modernos cañones de acero Krupp, quedaron atónitos al ver que los búlgaros se atrevían a enfrentarse a ellos con artillería de madera.
Atanas Uzunov y Stoil Finkov
FOTO Museo Histórico – Panagyurishte
Los otomanos capturaron más de diez cañones de este tipo, varios de los cuales fueron trasladados a Edirne y a Constantinopla (actual Estambul)
“Si observamos la fotografía tomada junto al proyectil de cerezo capturado en Edirne, en ella aparecen cuatro personas, lo que constituye, en efecto, una unidad de artillería. Hay un abanderado, el bayraktar—, una persona que dirige el proceso de carga del arma y otras dos encargadas de ejecutarlo”, comenta el investigador.
FOTO Museo Histórico – Panagyurishte
Según algunos autores, la artillería de madera tenía más bien un efecto psicológico que un impacto directo: debía infundir valor a los insurgentes y sembrar el miedo en el enemigo, al demostrar que los búlgaros también disponían de artillería.
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“Y aquí surge una cuestión muy interesante sobre la artillería de cerezo, una cuestión que tiene respuesta”, subraya el profesor adjunto Atanas Shopov.
Un profesor de literatura de la Escuela de Medicina Militar de Gandon (hoy Estambul) declaró ante el doctor Hristo Stambolski que cualquier persona sensata, al ver esas balas de cerezo alzadas contra el Imperio, podía comprender cuál era la situación de los búlgaros dentro del Imperio Otomano.
Y cuando la gente se agolpaba para ver el proyectil de cerezo en Tophaneto (el arsenal de artillería), una mujer turca afirmó que esa bala traería consigo los cañones de acero que provocarían una revuelta, disturbios y “destruirían el Estado”. Y, en efecto, eso fue precisamente lo que ocurrió en el Imperio Otomano: se cumplieron las palabras proféticas de aquella mujer.
Se utilizaron cañones de cerezo en las batallas de los insurgentes en Petrich, Panagyurishte, Bratsigovo, Batak, Klisura y Novo Selo.
FOTO Иво Иванов
El cañón de cerezo se convierte en un símbolo inmortal del Levantamiento de Abril, ya que la idea de la abnegación en nombre de la libertad transforma este árbol en algo más fuerte que el hierro. El ímpetu del Renacimiento Nacional Búlgaro convierte la opresión y las duras condiciones de la época otomana en un espíritu de lucha decisivo para cualquier victoria, tanto moral como material.
Pero esta no es la última página de la artillería revolucionaria de madera búlgara. Durante el Levantamiento de Ilinden-Preobrazhenie de 1903 contra el dominio otomano en Macedonia y Tracia, y para asombro tanto del opresor como de los observadores extranjeros en los Balcanes, la VMORO volvió a hacer tronar los cañones de cerezo.
El tema del arsenal de los luchadores búlgaros por la libertad durante el Levantamiento de Abril continuará. No se pierdan el 1 de mayo la segunda parte: “¡Vende tu campo, cómprate un rifle!”, el llamamiento de los búlgaros de 1876.
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Redactor Ivo Ivanov
Traducido por Zoraida de Radev