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Estudios búlgaros en Atenas: entre la locura emocional y la diplomacia cultural

“Los estudios eslavistas en Grecia comenzaron con un búlgaro”, comparte Gencho Banev, profesor de la Universidad de Atenas

Gencho Banev

Gencho Banev

FOTO Elena Karkalanova

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En las aulas de la Universidad de Atenas, el estudio de la lengua búlgara suele comenzar como un acto de “locura”: una elección irracional y profundamente emocional. Hoy, más de una década después de la reanudación de las clases de búlgaro, este se ha convertido en un poderoso instrumento de diplomacia cultural, tal como nos lo cuenta Gencho Banev, profesor de lengua y literatura búlgaras.

En una entrevista para Radio Bulgaria, Banev ha compartido que la historia de la enseñanza contemporánea del búlgaro en la Universidad de Atenas comenzó aproximadamente en torno al año 2010, dentro del marco del Departamento de Literatura, Filología y Eslavística Rusas. La lengua búlgara se estudia hoy como segunda lengua eslava optativa, junto con el polaco y el serbio, y el interés por este idioma es constante. En la actualidad lo cursan de manera activa más de 30 estudiantes. Aunque el número de horas lectivas sigue limitado a tres a la semana, con lo cual se llega a alcanzar el nivel B1, los estudiantes más motivados continúan con cursos adicionales y llegan al nivel profesional C2, que les permite trabajar como traductores, profesores y guías turísticos.


Gencho Banev

FOTO Elena Karkalanova

¿Por qué elegiría un joven griego el búlgaro? 

Según Gencho Banev, los motivos varían desde los puramente racionales, relacionados con las oportunidades de desarrollo profesional, hasta los profundamente personales. Pero para él lo más importante es la sensación con la que se quedan los estudiantes tras su contacto con el idioma en sí.

“Yo diría que cada uno de estos jóvenes es un embajador de Bulgaria en Grecia, independientemente de su nivel de dominio del idioma. Porque el hecho de que un estudiante aprenda bien o muy bien el búlgaro depende de muchos factores, pero lo que yo intento conseguir es crearles un sentimiento cálido hacia Bulgaria, hacia el propio idioma y hacia la gente. De esta manera, aunque no aprendan muy bien el búlgaro, llevarán consigo una parte de ese amor que compartimos. Por eso cada uno de ellos se convierte, de alguna forma, en un embajador”.

La cátedra como instituto cultural

Ante la ausencia de un Instituto Cultural Búlgaro oficial en Atenas, la cátedra asume en cierta medida sus funciones: se convierte en un centro de encuentros con escritores búlgaros, pero también desarrolla proyectos de investigación que revelan vínculos históricos insospechados.

“No es solo que Bulgaria carece de un instituto cultural en Grecia, sino que Grecia tampoco tiene uno en Bulgaria. ¿Por qué los países balcánicos no contamos con centros culturales recíprocos? Las razones son muchas, empezando con los estereotipos y llegando a los factores técnicos. Por supuesto, en cada embajada hay un departamento que se ocupa de la cultura, un agregado cultural; son diplomáticos profesionales muy activos. La riqueza y el abanico de las relaciones culturales son tan amplios que a la cátedra realmente le corresponde ocuparse de esta actividad, y yo lo hago de forma activa, intentando establecer contacto con las instituciones y las personas del país de acogida con la mayor profundidad posible. Esta es nuestra forma de llevar a cabo una verdadera diplomacia cultural en el propio lugar. Invitamos a escritores búlgaros, organizamos eventos con la comunidad búlgara y las escuelas dominicales búlgaras, y participamos en programas como ‘Las historias no contadas de los búlgaros’, del Ministerio de Educación y Ciencia de Bulgaria”, explica Gencho Banev.

El departamento de lengua búlgara de Atenas también funciona como instituto cultural

FOTO Elena Karkalanova

Uno de los descubrimientos más interesantes de los estudiantes de filología búlgara, en el marco de un proyecto conjunto con la escuela dominical búlgara de Atenas dedicado al diplomático Dimitar Shishmanov, es el hecho de que los estudios eslavísticos en Grecia comenzaron, en realidad, con un búlgaro —Stefan Gechev—, quien en la década de los años 30 del siglo pasado era un joven diplomático y traductor en la delegación búlgara en la capital griega. Por encargo de Dimitar Shishmanov, él se matriculó en un curso de filología bizantina. El célebre profesor Nikos Veis vio en aquel joven estudiante un gran potencial y le propuso que enseñara filología eslava antigua a sus compañeros de estudios.

“Fue Stefan Gechev quien puso en marcha un curso informal de eslavística, gracias al cual ahora contamos con varios eslavistas griegos. Y cuando les contamos a los profesores de la universidad que dirigen el departamento que aunque este es un departamento muy importante hoy en día, en la práctica fue un búlgaro quien lo puso en marcha, esto al principio les sorprendió un poco, en el buen sentido de la palabra. Luego les gustó mucho este detalle y ahora ellos mismos lo reconocen como un hecho. Esta es una de las formas en las que vemos cómo los proyectos que lleva a cabo el departamento influyen en la visión general de Bulgaria y de los búlgaros”.



FOTO Facebook/Guentcho Banev

A pesar del declive de las humanidades a escala mundial, el interés por los estudios búlgaros se mantiene vivo, y esto contribuyen también eventos internacionales como las “Lecturas de Viena”, que reúnen a estudiantes de lengua búlgara de más de 20 cátedras. Sin embargo, el futuro exige algo más que entusiasmo: es necesario un apoyo sistemático.

“Soy rotundamente optimista, pero esto también nos plantea una gran responsabilidad. No deberíamos esperar que los demás simplemente vengan a buscarnos para formarse como especialistas en estudios búlgaros: debemos crear las condiciones necesarias y atraer a estas personas. Lo difícil no es tanto atraer a colegas jóvenes, sino mantener su interés a largo plazo. Y aquí hemos de tendernos la mano los medios de comunicación, las instituciones y los docentes, para crear oportunidades y que así estos jóvenes puedan desarrollarse. Porque, cuando hablaba de esa “locura” al principio, una emoción es bonita, pero dura poco. Una chispa no crea un fuego cálido. Para tener un fuego cálido, hay que alimentarlo. En este sentido, hay que pensar en becas específicas —para estudiantes de grado, no solo para los de máster—, y en oportunidades que les permitan viajar y trabajar. Hay que crear herramientas que les ayuden a desarrollarse y a ver cierta estabilidad en sus estudios de lengua búlgara”.

Para Gencho Banev, el éxito de esta misión depende de la sincronía entre los profesores, que son los misioneros de la lengua búlgara y del Estado búlgaro también.

Pasado el verano, en noviembre, tendrá lugar el 11º encuentro de los estudiantes de búlgaro de las universidades europeas, con el que se inaugurará la segunda década de la iniciativa “Lecturas de Viena”: “En el marco de estas lecturas estudiantiles, hemos podido observar con alegría cómo han madurado los estudiantes de primer curso. Algunos de ellos ya se están orientando hacia la enseñanza del búlgaro en distintos lugares del mundo. Por supuesto, hablamos de casos aislados; no podemos decir que se trate de un fenómeno masivo, pero son precisamente estos casos los que cambian el panorama. Estas son realmente personas sin igual”, resume Gencho Banev.


Autor: Elena Karkalanova

Traducción: Alena Markova